Un hombre peligroso
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
AMÍLCAR. CUARTA TEMPORADA.
UN HOMBRE PELIGROSO.
Mi carrera profesional me ha dado infinidad de satisfacciones, también experiencias muy bellas, feas y hasta algunas poco creíbles. En esto que les voy a contar he omitido ciertas cosas y he valorado más lo que interesa al sentido de esta bonita página...
Pues bien, mi Servicio Social lo llevé a cabo en un Estado del Norte, famoso por tener una historia ligada al crimen organizado. Mi internado en Chiapas había sido muy satisfactorio y ahora estaba en el último año para obtener el título Universitario... Norteño, acostumbrado a las botas y sombrero no podía estar en mejor ambiente. Fui asignado a una Unidad de Salud en la Sierra, junto con un compañero que desde que lo vi supe que la pasaría de maravilla (se le notaba a leguas que le gustaba "en cuatro y que suene"). Los habitantes de esa ranchería, recuerdo, eran muy amables, y sinceramente me causó cierta tristeza despedirme de ellos apenas unos días después de nuestra llegada. Debo aclarar que esas zonas son controladas por cárteles de la droga. No me la estoy dando de muy chingon, ni mucho menos enaltezco esas actividades y por lo mismo los detalles de lo que pasó la noche anterior a nuestra retirada y que está relacionado directamente con esas personas no tiene caso que se mencione. Por órdenes de las autoridades militares salimos del lugar. Entonces fui asignado a otra área en la Capital del Estado. Todo transcurrió normal, además de que el compañero con el que tuve la horrible experiencia se pasó a vivir conmigo y sexualmente estaba satisfecho pues nos entendíamos muy bien. En fin, pasadas unas semanas se organizó un convivio en un bar, más bien cantina, para celebrar el cumpleaños de un Médico, y como ya tenía tiempo de no divertirme pues agarré la jarra e hice un desmadre que no recordé ni cómo llegué a mi departamento; amanecí y ya, sano y salvo. Desperté como a las dos de la tarde, revisé mi teléfono y tenía varias llamadas perdidas de números desconocidos, las devolví pero todos mandaron a buzón. No le di más importancia hasta que mi compañerito me contó que me besé con un vato en el bar. Nada extraordinario, (por Dios, en mis tiempos de borracheras universitarias, cogí con policías en plena vía pública). Pero, lo mejor fue cuando me refrescó la memoria y pude entender el origen de esas llamadas perdidas... Recordé que en un momento de la noche cuando estaba poniendo música en la rockola, de atrás de mí dijeron "oiga, usted no es de por acá, ¿verdad?" (Con ese bellísimo acento norteño)... Volteé y entonces vi a un hombre impactante, con gesto coqueto pero ojos serios, alto (de mi estatura), barba cerrada, fuerte y de un vozarrón; pantalón vaquero ajustado, camisa vaquera, botas bien perronas, cinturón piteado. Como ya andaba caliente, se me frunció nomás de verlo y quién sabe cuál habrá sido mi gesto que el vato se sintió en confianza y se acercó mucho, en disposición de ligar. Me sentí tan poderosa que valiendo madres le robé un "besito", platicamos, le di mi número, y hasta ahí la laguna mental... Mi amigo y yo nos atacamos de risa con la anécdota dándola por concluida y salimos a una Marisquería cercana. Ya habíamos agarrado el relajo echando cerveza cuando nos enviaron unas copas; provenían del sabrosote hombre que había flechado la noche anterior quien me sonrió desde una mesa; qué bárbaro, estaba bien papacito. Era guapísimo, macho, de porte "matón", e irradiaba varonilidad que se me caía el calzón. No el típico mamado que mira arrogante y ya se siente Alfa, no, el vato este poseía un misterio de personalidad real y único, nada forzado. Congeniamos, reímos; era muy divertido, lindo, caballeroso. Me encantaba su forma de vestir, su voz, el perfume, su acento; el tipo sabía conquistar. Después nos vimos varias veces pero por ratos porque siempre decía que tenía cosas qué hacer. La verdad ya le traía ganas...
Una noche que quedamos, le propuse que mejor llegara al departamento. N'ombre, al verlo entrar el demonio de la homosexualidad me rebasó y en segundos lo desnudé. Le puse un faje que nomás faltaba el condón porque mi fierro echaba chispas y a su culo peludo y limpio ya lo había chambeado que le entraban cuatro dedos, estaba bien ensalivado; boca arriba en el sillón resistió todavía, pero soy muy homosexual la verdad y cuando creyó que aceptaba su decisión le resbalé la punta y un poco más. Era mío. Me empujaba fuerte, ordenaba, exigía, ¡amenazaba!, decía groserías. No, ya estaba adentro, chingó su madre. Me concentré en besarlo pero encontré su mentón y lo mordí, ahí estaba el punto. Al instante se estremeció y arqueó la cintura, emitió un gemido fuerte y de su pito salió como chorro su líquido prostático, y la belleza que es el aflojamiento del ano permitió que se la metiera al fondo. Se rindió, levantó más las piernotas peludas. Lloró a las primeras picadas, luego fue colaborando, hasta que al final y de cañón, dio de gritos ordenando que le rompiera el pinche culo. Le aventé mi leche en la cara. Quedamos acostados en la alfombra. Se acomodó en mi pecho, y de pronto, como si buscara descargar su conciencia me confesó que me vio por primera vez en la Sierra. Y de eso, soltó la sopa sin dejar de acariciarme. Casi me orino cuando dijo que era Sicario a la órden del cártel, que trabajaba solo pero a veces necesitaba apoyar a su gente y por eso esa noche en que llegaron tumbando puertas y exigiendo que atendieran a sus compañeros heridos en tiroteo con un grupo invasor, me vio y le gusté. Luego investigó donde trabajaba, de dónde era y en general todos mis datos. También vigiló mi domicilio y mis horarios, pero todo era "porque le gustaba de a madre y quería estar conmigo". Con los ojos al techo escuché sin interrumpir, habló con calma y determinación. Lo que más llamaba mi atención es que sus palabras tenían una carga como de amenaza, violencia que sólo podía parecer "natural" en un sociópata. ¡Por Dios! tenía yo como 25 años, y aunque mis padres no criaron a un cobarde no es sencillo estar acostado, reposando la cogida, con alguien que no tiene alucinaciones de asesino, si no que ¡lo es!. Pidió mi opinión acerca de todo lo que me había dicho, fingí ternura y volví a besarlo. Se fue muy emocionado, planeando mil cosas tal vez, porque me invitó a la playa la siguiente semana puesto que todos esos días iba a estar "muy ocupado". Cuando cerré la puerta respiré profundo. En qué problema me había metido. Cuando llegó mi amigo le conté, no cabía de la ansiedad al pensar que en ese momento podían estar vigilándonos. Si el temeroso debía ser yo, él de una vez sentía que se cagaba.
Pasaron unos días en donde me marcó varias veces (de diferentes números), su voz seguía siendo amable y más cariñosa de hecho. Al principio hacía un esfuerzo enorme por seguirle la corriente, pero después me gustó estar en contacto con alguien peligroso. No sé, me producía morbo, curiosidad; incluso soñaba que nos transportábamos en camionetas blindadas escoltados por un séquito de hombres armados hasta los dientes o volábamos en helicópteros perseguidos por las fuerzas de la ley. El alucinado era yo. Y es que también estaba rebueno el condenadote que hasta cuando estaba cogiendo con mi amigo imaginaba que era él y veía su pistola sobre el buró. Llegado el día que según iba a pasar por mí para ir a la playa, me puse a reflexionar; estaba pero si rebien pendejo en ese tiempo como para todavía tomar una decisión de si iba o no con él. Así estuve varias horas pensando porque el vato nunca llegó por mí, ni volvieron a marcarme de números desconocidos. No volví a saber absolutamente nada de él. No sé si lo mataron "en un trabajo" o si era extraordinario actor pero chalán de los verdaderos matones y sólo me apantalló. Lo que me causó coraje es que de cualquier manera ya había echado su palo, entonces debió dejarme una maleta llena de dólares como dicen que hacen esas personas cuando les sirves, puras patrañas. A la fecha no he encontrado una respuesta lógica y considerable de lo sucedido, pero todo es por caliente, cosas que pasan por ser nalga pronta. .. FIN.
LEYENDA URBANA.
#relatosleyendaurbana
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