Preámbulo de una linda tarde

 Relatos Gay desde el Cuarto Piso 


RECUENTO DE RELATOS DE AMÍLCAR, LEYENDA URBANA. No. 4.  

(Primera temporada. Relatos enmarcados; títulos originales: "Miguel" y "El Vecino de Miguel". Corregidos). 


PREÁMBULO DE UNA LINDA TARDE. 



A Miguelito lo conocí en la secundaria, era una loca pegando de gritos y riéndose a carcajadas todo el tiempo, se llevaba con puras mujeres, en deportes era malísimo y todos sabían que era "joto" pues era sumamente afeminado. Cuando cogimos por primera vez (eso ya lo conté) me dio una lección de cómo se hace el acto. Su ano era tan delicado, suave, caliente, hasta podría decir que lubricaba, pues le salía un líquido blanco que bañaba mi verga y la dejaba con un olor tan especial, era mucosa anal que en su caso la tenía en exceso. Le decía que él habia nacido para dar el culo. Nos hicimos amigos. Después de haber retozado, al verlo en la escuela lo saludé, se sacó de onda. Las chicas que habían sido mis "noviecitas" se sorprendieron, lo mismo que mis amigos y enemigos. Eramos muy populares. Siempre fui varonil, casi al grado de parecer "mataputos", pero ese dia se dieron cuenta que en mí había algo "diferente". A Miguel lo traté siempre con mucho cariño y me contaba cosas divertidísimas, pues era rebueno para el chisme y su experiencia en las lídes del ambiente gay en un pueblo bicicletero lo convertían en un arma letal para la reputación, sabía la historia de todos los de closet. Un episodio muy triste en su vida fue el abuso sexual que sufrió por parte de su padrino y a la vez vecino. Me contaba en medio de lágrimas cómo ese señor lo había forzado para penetrarlo provocándole un desgarre espantoso cuando tenía apenas siete años. Sus padres denunciaron el delito, ese desgraciado se fue a la cárcel y ahí lo asesinaron a puñaladas. Escalofriante. Nunca nos enamoramos y creo esa fue la clave para nuestra bonita amistad. Sus papás me querían mucho. Después de la secu nos seguimos viendo y cogiendo muy rico. De las cogidas que más recuerdo fue una tarde en que estaba solo, lavando  ropa. Cuando lo vi pensé que no se iba a poder hacer nada porque no estaba bañado y siempre me recibía bien fresquecito. Yo iba como nopal recién cortado, como sábila. Estaba duro y dale tallando. Le empecé a meter mano, se retiró diciéndome que "ahorita no" y pues yo sabía que si decía no, pues no. Tal vez una mamada o una chaqueta y ya, pero de culito nada. Fingí tristeza. Me pidió le fuera a comprar jabón a la tiendita. Cuando regresé estaba desnudo, acomodado de perrito en una silla, ahí mismo a lado del lavadero, en el patio. El culo al aire, ¡qué culo!, qué delicia. Era la funda perfecta. Al verlo así, tiré la bolsa de jabón y me hinqué a chupar esa rosa de carne, que se abría, llamando. Sabía dulce, le pasé la lengua, al agarrarlo de las nalgas lo sentí estremecerse, "¡oh! Bebé, no hagas eso, voy a gritar" dijo. Empecé a chupar (era la primera vez que lo hacía): lo succioné, lamí en círculos, besé como si fueran unos labios arrugados. Le metí la lengua tan rico. Él agarró una prenda para morderla y reprimir sus quejidos. Si, resulté bueno para el beso negro. Se dilató muchisímo, quedó abierto y pude ver sus pliegues rosaditos, una belleza. "Ya, dijo, métela por fa". Me bajé el short y lubriqué con saliva mi pito, que ni hacía falta porque había salido tanto líquido que brillaba; se la acomodé en la entrada, su culo empezó a tragar. Qué delicioso, mi verga fue resbalando, deslizándose sin resistencia hasta que mi pubis chocó con sus hermosas nalgas en forma de corazón, inclinado lo sujeté de su diminuta cintura, la espalda delicada, piel fina. Era bellísimo (Ahora le llaman twink, antes sólo se decía flaquito). Pidió que no me moviera todavía, la quería sentir toda adentro. Su forma de hablar pujando me prendía muchísimo, pero principal era que aguantaba sin quejarse. Presioné un poco y chilló. Estaba tan caliente. Mordí sus orejas, lo besé mucho, agarré su pene mojadísimo. Empecé el mete saca, despacito, lento, conforme fui arreciando aumentaron sus gemidos, y para cuando fue bestial que sus nalgas tronaban, él gritaba. Le di durísimo esa vez, hasta me dolió. No supimos en qué momento eso se convirtió en algo tan intenso. Sentí venirme, avisé, se la sacó de un brinco, bajó de la silla y se hincó a recibir mi leche, me vine entre espasmos, gemidos y palabras sucias. Apreté los ojos y saltó mi néctar, se la eché en la cara, en el pecho. La recogió para comerla. Histriónico se tiró al piso, con dolor de culo y respiración agitada, temblando. En ese momento reaccioné, voltee a todos lados y vi en una azotea a un chico que nos estaba espiando, se escondió. Chale, ni pedo... Ya que Miguel se levantó, todavía nos abrazamos. Me corrió porque ya sabía que pediría más y esta vez le había sacado sangre dejándolo inflamado. Salí oliendo rico, y al bajar por la calle, en la puerta de una casa vecina, estaba el chico fisgón. Me quedó viendo; con sus ojos me llamó, benditos mis 16 años y mis 22 cm. La sangre se me agolpó... 

La ofrecí sobándome, él volteó a los lados y se hizo para atrás dejando la puerta abierta. No lo pensé, me dirigí y entré a la casa. Me estaba esperando. No dijo nada, cerró la puerta, me llevó al sillón, bajó mi short y se la metió a la boca. Todavía con el sabor y olor a la mucosa anal de Miguel. La sensación de tenerla sucia me produjo un morbo que hizo se me pusiera durísima. El chico tenía como 14 años. Era de mirada tierna y gesto tímido. Supuse nunca lo habia hecho porque aunque sí la mamaba rico, temblaba de pies a cabeza. La agarraba con sus dos manos y  chupaba lo que sobraba, así estuvo un buen rato. Le dije "te la meto" pero movió la cabeza negando. Siguió chupando y chupando. Sentía rico pero con verdad que quería cogerlo y una insatifacción empezó a invadirme. Algo impedía disfrutar (Yo me hubiera ensartado sin preguntar en mi rica vergota). De pronto, se desnudó y se subió en mí, de frente. Tomó mi pene y lo unió al suyo para estimularse, eso me gustó. Sentir su aliento caliente cercano a mi boca me excitó. Quise besarlo, me rechazó. Jalaba mi rostro a su cuello, comencé a sentirme incómodo. Su pene pegado al mío, rozándose. Resoplaba. De pronto gimió, me apretó contra su pecho y sentí su semen que manchó mi playera. ¡Un témpano de leche!. Soltó su respiración. Rojas sus mejillas. Sonrió con pena. Yo sentado con la verga parada, el short a las rodillas. Quería limpiarme. Se vistió y fue al cuarto, regresó con una playera, me la dio. Me cambié y arreglé. Rumbo a la puerta, se quedó de pie. Maldita sea, me corrió, me sentí ultrajado. Salí oliendo a semen, con la verga media tiesa y goteando. Llegué a casa, me encerré en mi habitación para acostarme. Mi verga tenía el olor de su boca tierna. Pensé en su pubis depilado. Sus nalguitas. Me la machaqué hasta sacarme poderosos chisguetes; sentí tan rico como si hubiera taladrado el mejor de los culos. Comenzaba a vencerme el sueño cuando mi madre gritó que me hablaban por tel. Contesté y era Miguel que estaba hecho una fiera, gritando: "Maldito estúpido, por qué te cogiste a ese pendejo de mi vecino, ese perro es hijo del que me violó". Por más intentos que hice para hablar, no dejó de gritar. Antes de colgar me dijo "¿que no te basta con mi culo?" y se hizo el silencio. Chale... Al fin de semana llegó el chico a casa a buscarme, llevaba mi playera limpia en una bolsa. Me la dio en la puerta y esperó a que lo invitara a pasar. No lo hice, le agradecí y lo despedí, otra vez no dijo ni una palabra. Mi mamá me preguntó que si de donde conocía al "hijo de doña tal", y le inventé un rollo. "Ajá, me dijo, y tan es así que lo conoces que no sabes que no habla, que es mudito". ¡Oh por Dios! Nunca lo imaginé. Pasaron unas semanas. Tenía las bolas rebosantes, cargadísimas. Después de probar culo, la chaqueta no alcanza... Una mañana, Miguel me llamó para que fuera a su casa, insistió porque me hice el difícil. "Ya Amilcar, ven, no seas así, discúlpa por haberme portado así, ven bebé, te voy a comer bien rico y te tengo una sorpresa, anda". Dios, por qué soy tan débil. Fui. Llegando, me pidió perdón otra vez. No imaginaba nada. Me llevó a su habitación. Al entrar encendí la luz. El chico mudo estaba en su cama, desnudo, boca abajo, paradas las nalguitas, blancas y tersas... Continuará. 


LEYENDA URBANA.

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