Días de secundaria
RECUENTO DE RELATOS DE AMÍLCAR, LEYENDA URBANA.
(Primera temporada; entrega No. 6. Título original: "El Albañil". Corregido).
DÍAS DE SECUNDARIA.
Todos, de chamacos, en algún momento, la trajimos apestosa a Camarón seco. Yo que fui tan caliente, así la traía todo el tiempo y hasta cuando la pelaba tenía bolitas de sebo. Y es que le dedicaba tantas a un morro, de mi secundaria, que era mi fantasía. Cada noche al regresar de la escuela y bañarme, brincaba poderoso mi semen directo al desagüe, si hubiera sido ácido seguro que hago pedazos la tubería de la casa y es que me ponía muy cachorro ese hombre que me saían litros. Sólo de verlo correr jugando fútbol ya la tenía bien tiesa y todavía cuando me daba nalgadas, de motivación, por las jugadas, casi me hacía vibrar. Sentía en la nalga el poder de su mano rasposa; volteaba a verlo y quería tragarlo, vomitarlo y volverlo a comer. Sus brazos tensos, llenos de venas, relucientes sus venas casi "verdeazules" por el trabajo diario de levantar cubetas de mezcla, cargar ladrillos, acarrear la arena, darle a la chinga con la pala, el marro y el cincel; era Chalán de albañil, trabajaba con su papá. En los baños era un espectáculo verlo cambiarse para deportes, las piernas peludas y toscas, su cuerpo violento, duro. No aguantaba los deseos de voltearlo y cogerlo hasta desfallecer, hacerlo gritar. En una ocasión no aguanté y me metí a un sanitario, ahí di rienda suelta al furor adolescente y en una rápida combinación a dos manos me saqué "la que embaraza" dejándola embarrada en la pared.
Éramos cercanos porque su papá era amigo de mi papá. A veces decía mi padre "trata bien al hijo de Manuel, es mi amigo" (se llamaban igual). Por Dios, yo lo que quería era arrempujarle los frijoles. No soportaba tenerlo cerca que quería chuparlo.. Era rebruto para la escuela, tenía qué enseñarle muchas veces las matemáticas. Pedía ayuda, me invitaba algo si le daba la copia. Yo gustoso me acercaba a él, su olor a sudor era bien fuerte, me prendía brutal. Su boca olía a ajos (me super encanta el ajo); la espalda tostada y marcada traslucía en la playera y podía apreciar los surcos de su musculatura. En las noches recordaba nítidamente su cuerpo cada que me encerraba en mi cuarto para dormir y tenía qué jalármela hasta que me ardiera. Lo deseaba enormidades, pero un día en la escuela fue peor porque lo vi masturbarse en el baño. Entró corriendo, se encerró. Había un hoyito en la división de los sanitarios, por ahí lo vi machacarse frenéticamente. Su pene era corto y muy gordo (de esos que son riquísimos para mamar). Yo también me la jalé, a su ritmo, con cadencia y rapidez. Le vi las nalgas, qué hermosas. Ricas nalgas de varón. Imaginé el hollo apretado, agrio, tenso, el olor de su cosa negra; vi el prepucio largo, el glande morado, púrpura. Saltó mi leche casi al mismo momento que la de él: blanca, espesa, adolescente... Odié querer cogerlo. Era apenas un chico de catorce años, no sabía porqué sentía ese deseo, el placer que se desbordaba, en ese tiempo para mí, sin sentido... Tenía novia, cuando la besaba, deseaba que fuera él, la chica me sobaba el bulto. Le daba vueltas al asunto, no quería cogerla, lo que quería era ensartar a ese wey que veía de lejos jugar basket, fut, boli, cotorrear con los amigos. La agüita bendita que bañaba mi pito y manchaba mi trusa era producida por él, ¡Cuánto lo deseaba!. Podía imaginar el calor de su culo, meterle mi verga de casi niño (aunque ya la tenía grande) y escucharlo suplicando porque ya no lo hiciera, que le dolía y yo inconsciente seguir empujándola sin compasión, así como mis hermanos decían vulgaridades de sus queridas. ¡Por qué no era un chico normal!, ¿Por qué tenían qué gustarme los hombres?... Pero qué delicia dedicarle sendas chaquetotas.
Lo veía llegar corriendo a la escuela, chorreando agua por el baño apresurado, pedir los retardos, angustiarse por la tarea, desesperarse por un examen sorpresa. Dios, quería mamarlo, pegarme a su cuerpo, embarrarme, mancharme de él, pero era hetero; nunca podría tener una posibilidad.
Al término de la secundaria me regaló un cassette de música grupera. Me dio mucha ternura que dijera que no pudo haber terminado la escuela sin mí. Quise besarlo en la boca delante de todos, trabarme su lengua, mamarle los labios. Agarrarle las nalgas, tocar su culo...
Pasó el tiempo, seguimos llevándonos; donde nos encontrábamos nos saludábamos.
Salí del pueblo a estudiar la Universidad, pasaron los años, me gradué.
En unas vacaciones que visité a mis padres, lo encontré en la casa, estaba reparando un baño. Su papá había muerto y ahora él era maestro albañil, había dejado de ser chalán. Nos saludamos con mucho cariño, bromeamos, recordamos los tiempos de la Secundaria, de cuando lo ayudaba con los exámenes y ahora él era muy bueno para las matemáticas. Nos pusimos a la órden y me presentó a su hijo. Enseguida, un muchacho de su misma estatura y físico, como de 14 años, dejó de mezclar el cemento y la grava y se acercó a donde estábamos. Era guapísimo. Casi igual a él a esa edad, pero en guapo. Se me arrejuntaron las bolas. El chico sonrió, en el brillo de sus ojos pude descubrir el destello de coquetería de los Mayates. Esquivé su mirada, nunca fui "Asaltacunas", pero si hubiera sabido que le dedique tantas a su papá, el morro seguro se hubiera dejado hacer, sin pedir, lo que provocó su viejo en mí cuando tenía su edad.
Qué difícil es el descubrimiento de la orientación sexual cuando está uno chamaco. Qué tormentos de pasión padecí. Si he contado cosas que parecen increíbles por su desfachatez y cinismo, por la oportunidad que me brindó el destino para relacionarme con tantos hombres fue cuando por fin mi amiguito Miguel me enseñó que la vida es hermosa y no tenía nada de qué avergonzarme por haber sido así, antes bien, debería sentirme orgulloso de saber amar diferente; pero, antes de ello, sufrí tanto hundido en la soledad, el remordimiento, la culpa, la vergüenza; y si eso me pasó a mí, he sabido de casos tan tristes, de tanto odio y rencor; de familias destruidas e incluso vidas perdidas.
Ser libre sale muy caro... FIN.
LEYENDA URBANA.
#relatosleyendaurbana

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