El hermano de mi amigo Lu25-T1
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador: #relatosleyendaurbana
EL HERMANITO DE MI AMIGO.
Después de que padeciera la soledad al inicio de la Universidad (de eso ya conté en el relato "Solo"), fui encontrando el rumbo en sociabilizar con los compañeros. Dejamos de caernos mal. Bastó una fiesta para que se dieran cuenta que era bastante alivianado. Ahora todos sabían que comía con popote el arroz. A algunos se les mojó la tanga. Llamaba mucho la atención porque era muy guapo, varonil y bueno para los deportes. Los que no querían cogerme, me tenían envidia, algunos se atrevieron a retarme a madrazos por cualquier tontería, les partí la madre. Eso resaltó mucho más mi "condición de jotito" y me volví popular. Como era delgado pero piernudo, nalgón y vergón, mi pantalón de tela del uniforme se ceñía bien sexi, la filipina se levantaba de atrás por mis nalgotas y si al caminar se abría por delante, podía notarse pa un lado el trozo bien rico; tenía 18 años. Chingón. En secreto o en público muchos chavos me tiraron la onda, a la mayoría les di (cuatro veces me cacharon en los baños de la facultad en esos meses). Al término del primer semestre mi camarada Rodrigo me invitó a pasear a su tierra, pedí permiso con mis jefes y hasta mandaron lana para que fuera. Nos fuimos en camión por la noche. Padre Santo ¡15 horas de viaje!. La mayor parte dormí. Llegamos en la mañana, sus papás y su hermano fueron a traernos con mucho cariño. Con mi acento norteño los cautivé. El carnalito de mi amigo se llamaba igual que yo, éramos Tocayos. ¡Estaba bien bonito!... Blanquito, de labios paraditos, cabello ondulado y castaño, chaparrito, delgadito y con unas piernas y nalgotas enormes, practicaba fútbol, además era muy simpático. Tenía 17 años. Todos los días salíamos a pasear a lugares cercanos, ríos, balnearios, sitios arqueológicos, pueblos indígenas. Todo muy lindo. El sábado siguiente por la noche, tomamos unas cervezas, ahí en la casa, muy divertidos. Subimos a dormir un poquito mareados. Me quedaba en la habitación de mi amigo, en camas separadas. Acostados conversando salió el tema de la fama que me había hecho en la escuela, pues se rumoraba que estaba "patudo". Entre bromas y risas, mi compa quería ver "para salir de dudas".
-- Yaa, neta, ¿¡Cuánto mide!?. Dijo bien intrigado pero riendo.
++ 22 normalita, si la ahorco llega a los 24 más o menos, pero se ve más grandota porque es muy gorda, cabezona, recta, venuda y se pone dura, dura, como piedra; circula bien la sangre. Afirmé categórico.
-- No mames, cómo crees, si a mí me mide 16 y siento que estoy vergón. Agregó bien emocionado.
++ Ah bueno, ¿quieres medirla wey?, Apostamos 500 varos a que sí alcanzo los 24. Dije y de una vez quitándome la sábana.
-- Pues órale wey, ahorita regreso, voy por una cinta métrica, mientras páratela. Concluyó mi amigo y salió dejando la puerta abierta.
No hacía falta que me la parara, ya la tenía así desde que empezó a preguntar. En eso entró mi Tocayo. "Hasta mi cuarto escucho lo que están diciendo --dijo riendo-- yo también quiero ver" exigió, amagando con agarrar, bromeando. Nos matamos de la risa. Llegó mi amigo y después de que le dijo lo que quería hacer, reímos más. Pues a darle. Teníamos la confianza. De una sola me bajé el short y el calzón. Saltó pinche riatota. "¡Pu-tí-si-ma-madre!" Dijo Amilcar, abriendo bastante los ojos. Mi compa se quedó igual y agregó "No mames, ¡qué pasado de lanza estás!, ¿La metes toda?". "Pues al principio cuesta trabajo meterla, pero después hasta piden más". Dije dándole cachetaditas; no paramos de reír. Mi amigo la agarró y comprobó que sus dedos no se alcanzaban. También El Tocayo, la revisó. De tanto sobármela, salió un chorrito de líquido que escurrió hasta mis bolas. "Qué asco" dijeron. Me dio un ataque de risa. Seguimos haciendo bromas, ellos sentados, yo acostado con la pija al aire. La midieron y gané la apuesta. Dice mi compa "a mí me mide 16" y se la sacó poniéndole la cinta, comprobándolo. El Tocayo hizo lo mismo y resultó tener 17, dando de brincos, gritaba que le ganaba. Era muy divertido todo, no me dio morbo. Tocaron la puerta para decirnos que durmiéramos ya. Es universal el lenguaje de las mamás. Me subí el short. Se salieron, mi amigo a orinar y El Tocayo a su cuarto... Regresó mi amigo y cotorreando en susurros, nos dormimos... Al buen rato, desperté al sentir que me tocaron, como no estaba muy consciente por las cervezas, sinceramente creí que era uno de esos sueños tan cachondos que hasta llegas a moverte como cogiendo, de tan reales. Pero no era un sueño, en verdad la mano urgaba abajo de la sábana, directo al fierro. Era Rodrigo. "Chale y ahora qué hago, ni modos de ser grosero con mi anfitrión", pensé. La intención siguió hasta sentir el calor de su boca, qué rico. Recordé que me gustaban sus piernas peludas cuando jugábamos fut.
Alv. Qué excitante que me la estuviera chupando mi compa, más bien le estaba dando un beso de lengua, pues se concentraba en la cabeza mientras con sus dos manos masajeaba mi falo. Uta, "así es como me gusta --pensaba-- Sigue, sigue. ¡Qué rico!". Movía su cuello girando su boquita. No hacía ningún ruido. Ptm. Pinche Rodri, qué cabrón para mamar. Estaba bien concentrado sin moverme fingiendo estar dormido cuando escuché ruido del baño. Quien me la estaba mamando se movió, agachándose al piso; entonces la puerta se abrió y en la penumbra entró Rodrigo, se acostó en su cama y se tapó para seguir durmiendo. ¡No mames! Era Amílcar el que estaba haciendo eso. Estiré la mano y agarré sus cabellos. Se sobresaltó. Me incorporé, le busqué la boca y lo besé a la fuerza, correspondió atragantándose de miedo. Mi amigo ya había recuperado su sueño. Se espero unos segundos y salió, todavía le agarré las nalgas. Al otro día normal, pero esa chupadita había despertado el instinto. Fuimos a pasear. Regresamos a casa por la noche. Sus papás salieron por cena y Rodrigo subió a bañarse. Me prendí nomás de escuchar la regadera. Al quedarme solo con él sentados en la sala no intenté nada, pero ya la tenía que reventaba mi short y la bendita agüita había cruzado la tela. Me quedó viendo y se abalanzó sobre mí montándose, agarré sus nalgotas bien paradas. ¡Maldita sea!, Estaba hermoso ¡méndigo chamaco! No aguantaba la adrenalina. Le trabé un besote metiéndole mano; sin hacer ruido, nos besábamos bien pinche rico. Acariciaba sus piernas blancas con tiernos vellitos, mordía su trompita, metí la manos en su short y toqué su ano que seguramente era color rosita, apretaba sus nalgas duras, abriéndolas; "métemela" dijo angustiante. "Ahorita no vas a aguantar, no va a entrar, necesitas lubricante" respondí, tragándome su lengua. ¡Qué rico faje!. "Cuando todos duerman bajas, aquí te voy a esperar" dijo chupando mi cuello. Escuchamos que Rodrigo salió de bañarse. Nos retiramos, acomodamos nuestras vergas y fuimos a la cocina a hacernos pendejos. En la madrugada esperé a escuchar que bajara. Me estaba consumiendo. Imaginando levantándole las piernitas en el sillón; chuparle el culo, acomodarle la cabeza de mi verga en ese hermoso par de nalgas, darle un piquetito diciéndole que aguantara; sacarle las lágrimas, ver su rostro volverse rojo del esfuerzo, taparle la boca para que no escucharan cuando empezara a partirlo a la mitad, quedarme quieto mientras su culo aceptaba hambriento, dando espacio para seguir empujando hasta llegar al fondo... sentía que me explotaban las bolas...
... Salió de su habitación, pero en el pasillo se encontró a su mamá. Entró al baño para disimular. Ya no escuché nada. Me levanté sigiloso, su hermano roncaba. Bajé a la sala. No estaba. Al pasar por el baño, abrió la puerta. Entré. Estaba desnudo. Prendí la luz. Hermoso cuerpo. Bajó mi short y la empezó a chupar. Qué rico verlo así de cuclillas, con las soberbias nalgas esperando su turno mientras su boca se atoraba. Sentía que me iba a venir. Los nervios de que nos encontraran sobrepasaban el límite. Mamaba muy bien, sin dejar de mover su mano, daba besitos a lo largo. Pasaba la lengua. Uta, qué rico lo hacía. Su torso delgadito contrastaba con la enormidad de sus piernas y nalgas. Se levantó a besarme. La casa en completo silencio dejaba oír el sonido de nuestros labios atacándose, trabados en una pelea de lenguas, super caliente. Agarró mis manos y las puso en sus nalgas. Parecían balones peludos. Las estrujé como quise. Toqué su culito, estaba muy tenso. Le gustaban mucho los besos. Tierna su carita de ángel pero intensos sus labios, quemaba. Se volteó y se agarró del lavabo levantando las nalgotas. Las abrí, muchos vellitos enmarcaban el agujero que iba a traspasar. La tenía durísima. "métela ya" gimió. Nel. Todavía no, esos culos tienen qué tratarse bien y que mejor que un beso negro. Pasé mi lengua por toda la rajada, metí mi mentón entre las paredes para alcanzar morder los pliegues. Su respiración ahora era más fuerte, resoplaba pidiendo verga. Literal, la exigía. "ya wey, ¡dámela!" Volvió a decir. Me incorporé para darle un empujoncito, pero ni esperanzas de que entrara, además no tenía el lubricante y tampoco condones. Se abría lo más que podía llenándose de saliva. Acomodando mi verga en su entrada. Le urgía una verguiza. Lo intenté a pelo pero no. Seguí comiéndole el culo, mordiendo y chupando las nalgotas. Le dejé marcas. Le dije que no se podía. Entendió. "Vente en mi boca" dijo bien caliente. "Mejor vamos a un hotel mañana" le propuse convenciéndolo, la neta me sobraba la leche pero en verdad quería taladrar ese hermoso culo. Seguimos besándonos. Salimos del baño... Me acosté. Mi amigo se acomodó y dormimos. Al otro día fuimos al partido de fut del Tocayo. Verlo correr con el balón, disputar las jugadas, gritarse con el contrario, reclamar los errores y festejar las anotaciones me prendió machín. Sudando casi rendido terminó el juego. Su equipo ganó. Comimos tacos y cervezas, sus papás se fueron a un mandado y mi compa Rodrigo se quedó conversando con una amiga suya de la prepa. Nos despedimos y fuimos a un motel. Quiso bañarse, no lo dejé. Olía riquísimo a sudor, manchado de lodo, a pasto. Así me le trepé rodamos en la alfombra, en la cama. Nos revolcamos besándonos. Le quité el short y quedó en licra, el roce de la tela me excitó más. "wey, qué rico besas, no mames" decía gimiendo fuerte. Le metía mano por todas partes. Le quité los tenis, olorosos también. Chupé sus deditos. Lindos piesitos. Bajé su licra y la dejé enrollada en el nacimiento de sus nalgas y con eso las levantaba más. Abrí buscando el agujerito. Utama, olía tan rico. Era un sexo de olores y suciedades. Le comí el culo otra vez pero ahora sin el miedo de que sus gritos nos delataran. Embrocado de perrito a mitad de la cama, chupe y chupe el culito tan rico, se lo dejé batido de saliva. Se retorcía aguantando. Se quitó para chupármela. Se dio gusto. Me la puso tiesa como una tranca. Se daba golpes en la cara y la lengua. Estaba muy prendido. "Ya wey, ahora sí rómpeme el culo, pero déjamelo bien abierto". Pa luego es tarde. Véngase con su papito. Le puse mucho lubricante. Lo acomodé boca abajo y me tendí sobre él. Así con la fuerza del peso de mi cuerpo, fue resbalando hasta que se la dejé completa. Daba gritos como si lo estuvieran matando. Abrí sus nalgas para que entrara el último pedazo. Jalaba la sábana, apresó la almohada para morderla con mucha fuerza, pero aguantó el cabroncito. Así me quedé, esperando a que dilatara. Me moví, resistió. Empecé a moverme más rápido. Dijo "dale we, ¡rómpeme!". Ya está. Le di muy duro, me levantaba y dejaba caerme sobre su culo, lo tenía bien enchufado. Gritó que se iba a venir. Aceleré las metidas y sentí también que venía. Terminamos al mismo tiempo. La saqué, tenía mucha sangre el condón. Lo vio y dijo "alv, qué rico". Me la chupó limpiándola, me puse otro condón, benditos 18 años, se la volví a meter. Sus piernas peludas en mis hombros, veía sus gestos, mordia sus labios, se agarraba los cabellos, la aguantó y bien hasta que me quité el condón y le tiré los chorros en el abdomen. Le saqué sangre otra vez. Nos bañamos y fuimos a la casa. Cuando llegamos ya estaban sus papás. Nos esperaban para cenar. Al sentarse hizo esfuerzo y le preguntaron si se había lastimado en el juego. Reí para mis adentros. Rodrigo no estaba, seguia con su amiga de la tarde.
Subimos a dormir. Me acosté bien contento. Al rato entró a besarme con la promesa de repetir al otro día. Ahora estaba lesionado. En la madrugada llegó Rodrigo, estaba tomado. Me habló en susurros. "Sé que ayer te fajaste con mi hermanito en el baño y hoy los vi salir de un motel" soltó directo y sin avisar. No dije nada. Apagada la luz, escuché que se quitó la ropa y se metió bajo mi sábana. "Yo también quiero" dijo acomodándose. Olía a cerveza. Me abrazó, estaba frío y temblaba de miedo. ¡Soy un puto! (Bueno, lo era). Dejé que me besara. Su barba de dos días raspaba mi cuello. Me destapó y me desnudó. "Wey, Rodri, ¿neta quieres?" Pregunté deteniendolo. "Si quiero we, quiero desde que te conocí". Chale y ahora ¿qué hacía?... Algo iba a salir mal de todo esto. Pero ni modos, pensar con el pito es cosa de segundos. "Dale pues we, pero te voy a coger duro, así me gusta". Le afirmé, agarrándolo de los cabellos para acercarlo a mi miembro. Mamó un poco, no sabía hacerlo. Se volteó y me entregó sus nalgas. Rico culito también, pequeño pero retador, insinuante. Me puse un condón y lubricante. Entró con dificultad. Le tapé la boca. Le di despacio pero al fondo. Entraba toda y pujaba delicioso. Así le estuve dando de cucharita. Toqué su pene, estaba mojadísimo. Su ano aflojó y el ruido que hacía era muy caliente. Tardé. En la última embestida dejé mi semen. Se levantó, se acostó así desnudo en su cama.
Los restantes días cogí a los dos sin ningún pedo hasta que Amílcar se dio cuenta y se agarró a golpes con su hermano en la cocina. Sus papás sorprendidos no entendían lo que había pasado. Llegó el día de mi despedida y en la mañana me cogí a Amílcar por última vez. Pasados los meses, ingresó a estudiar lo mismo que nosotros y en la misma Universidad. Me buscó para tener algo formal conmigo. He sido cruel pero difícilmente pueden señalarme como ojete por engañar a alguien. Lo rechacé. No me interesaba tener algo serio. Al salir del clóset, el chico se destrampó y se volvió un desmadre. En tan sólo seis meses las drogas arruinaron sus estudios, sus papás lo internaron. Rodrigo se separó de mí después de ese viaje, inventó chismes, anduvo diciendo que lo quise "seducir" cuando fui a su casa, no le di importancia. Un día quise hablarle para preguntarle de su hermano y me mandó a la verga. Yo sé bien que ellos se querían mucho, algo tronó en su amistad. Nada volvió a ser lo mismo. Después de unos semestres más Rodrigo tramitó su cambio a la Autónoma de su estado. No supe jamás nada de él, ni del Tocayo, ni de sus papás. A veces pienso, tontamente, que tal vez he provocado muchas situaciones difíciles pero también estoy convencido que nunca he deseado lastimar a alguien. No me siento culpable de lo que pasó con esos hermanos, pero sé que en mi vida, muchas ocasiones debí haber pensado mejor las cosas, pero me ganó la calentura. Parece un absurdo o estupidez a veces lo que pienso. FIN.
LEYENDA URBANA.
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