Amor de 15 años (LU24-T1)
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador: #relatosleyendaurbana
EL AMOR DE UN CHICO DE 15 AÑOS
Parecerá fantasioso pero todo lo que les cuento en mis relatos es real, por supuesto, los nombres han sido cambiados, pero ninguno de los protagonistas es un personaje sacado de la ficción y si algo les pareciera falso, de todas maneras, disfrútenlo; así como a mí me sirve de terapia, recordar. Les voy a contar algo que me hace vibrar el corazón.
Vivía un romance maravilloso con mi marido. No había algo más bello para mí, para nosotros. Concentrados en el trabajo y en nuestro amor, transcurría el tiempo. No hacía falta nada más; hasta que un día lunes llegando al trabajo me llevé una gran sorpresa... Mi asistente dijo que lo encontraron afuera de la clínica, había llegado muy de mañana con la intención de hablar con el Dr. Amílcar. Necio que la chingada se quedó ahí sin moverse; se veía hambriento y le ofrecieron algo, aceptó un café. (Meses después me contaron que de su mochila sacó una bolsa de pan Bimbo con sandwiches y les convidó a algunas personas). Cuando me vio, lo hizo con cierto temor; luego corrió a abrazarme, llorando. No entendí. Creyendo que era el hijo de algún paciente, tomé un tiempo para calmarlo y esperar una explicación. Nos sentamos. Me dijo "soy tu hijo y tú eres mi papá, me escapé de la casa y quiero que hables con mi mamá para decirle que estoy contigo. Te doy el num, mi mamá se llama tal y la conociste así y todo el rollo"... ¡Qué demonios!... Aquí parece un asunto sacado de La Rosa de Guadalupe... Sí. En toda mi vida sólo una vez estuve con una mujer. No me gusta la Papaya, pero ni en ¡shampoo!!!, eso lo tengo claro desde mis 15 años que buscaba el freno de mano mientras se la ensartaba a mi amigo Miguelito; pero jovencito quise experimentar y la ocasión se dio. La chica era una mujer guapísima que se prendió de mí en una fiesta de la Universidad; estudiaba Contaduría. Le dije que era gay y entonces deseó ser mi amiga. Nos llevamos muy bien, fuimos inseparables. Un fin de semana, nos echamos unas copas en su departamento y le dimos. Hasta ahí quedó, ni me dio asco pero tampoco me sentí satisfecho, prueba de que pues no era lo mío. Nos seguimos llevando como si nada hasta que agarró novio. Nos distanciamos, poco después la vi embarazada. Por Dios, tenía ¡20 años! El mundo estaba a mis pies. Nunca le di importancia a lo sucedido, hasta ahora... Le marqué a su mamá y lloró desesperada. Me explicó diciendo que lo que decía el chico era cierto. Está bien. Le di mi dirección, llegaría en unas horas. Mi enfermera estaba sonriente esperando a hablar. "Ya suéltalo" le dije. "Es su hijo ¿verdad?, ¡Es idéntico a usted!" Decía agarrándose las manos muy emocionada. Lo vi bien y era cierto. El rostro de mi mamá, pero con el gesto serio, duro y mandón de mi papá... ¡Tenía un hijo!... Todavía no salía de mi asombro cuando me dijo "oye, tengo hambre y quiero bañarme". Sí. Era como mi papá. Cancelé mis citas. Fuimos al departamento. En verdad que estaba asimilando la situación, él estaba callado hasta que dijo "sólo he venido a conocerte, no pienso quedarme a vivir contigo ni tampoco espero que me trates como tu hijo, mi mamá me ha contado todo de tí, no quiero estorbarte; sé que eres gay --se quedó callado y agregó-- yo soy hetero y también la tengo grandota". Estaba riendo cuando entró mi marido, a quien ya le había marcado. Cuando lo vio no salía de su asombro no por la paternidad, sino por el parecido. El chico preguntó si él era mi novio. Asentí. Sin esperar más, se levantó para abrazarlo y le dijo "no he venido a quedarme, sólo quería conocer a mi papá". Mi marido, que siempre había pensado en tener hijos, lo saludó con mucho cariño. Salimos a desayunar. A grandes rasgos contó lo que sabía. Su mamá le dijo quién era su papá desde que era muy niño, le enseñó fotos de mí; además por medio de unos colegas, sabía algo de mi vida actual. Sus deseos de conocerme fueron aumentando conforme fue creciendo y ahora tenía problemas de entendimiento con su mamá (como sucede siempre entre los adolescentes), había decidido escaparse para buscarme; supo en qué ciudad vivía, la dirección de la clínica donde trabajaba; viajó 14 horas en camión y tenía en la cartera 50 pesos. Chamaco cabrón... Regresamos al departamento, se bañó y durmió. De pie en la puerta de la habitación, lo veía dormir a pierna suelta en mi cama cuando mi marido me abrazó por detrás y me dijo "sorpresas de la vida ¿Verdad?, Siempre te rehusaste a siquiera pensar en adoptar y ahora mira, te ahorraste lo de los pañales y los llantos en la madrugada. Todavía no lo puedo creer, tienes 35 años y eres papá de un chico de 15; cuando apenas tengas 40, él ya estará en la Universidad". Me sentí tan respaldado por este hombre que vale oro, limpié mis lagrimas, volteé y lo abracé... Se me paró tantito. Me empujó, "Amílcar, ¿Estás loco?, Ahí está tu hijo" dijo riendo. Caminó a la sala y le vi las nalgas que se le marcaban en el pantalón de vestir. Lo seguí para besarlo. Caímos al piso riendo.
De la habitación gritó el greñudo "¡Dejen dormir!". Uy, nos quedamos callados, estaba durmiendo mi nuevo patrón. Reímos quedito en el sillón y también nos agarró el sueño, abrazados. Al rato, el hombrecito nos despertó. "Tengo hambre" dijo bien serio. Más tarde llegó su mamá. Cuando lo vio le dio una bofetada y lo abrazó, llorando. Conversamos hasta la madrugada, su mamá, mi marido y yo. Él quitado de pena se puso mi pijama y se durmió. Al otro día se fueron. Seguimos en contacto, hablábamos todos los días. El chico se aplacó y cambió su carácter. Nos invitaron a su casa un fin de semana. La mamá del chico nos presentó a su esposo y a sus hijitos. En el aeropuerto al despedirnos me dijo "bueno y tú ¿nunca vas a decirme 'hijo'?, ademas, quiero conocer a tus hermanos y tus papás". Lo abracé y lo besé. Pasaron los meses. Lo llevé a mi pueblo, sin avisar nada allá. Caminamos. Unos metros antes de llegar a mi casa, le señalé y le dije que tocara el timbre. Quedé viendo. Salió mi mamá, lo vio y dice mi hijo que le dijo "ay Dios mío, otro nieto perdido --abrazándolo, le preguntó-- ¿quién de mis hijos es tu papá?". En eso me acerqué. Me abrazó con inmenso amor mi madre hermosa y pasamos. Después de explicarle, marcó a todos mis hermanos y también a las chismosas del pueblo para contarles. Al otro día salimos al rancho pues allá estaba mi papá. Por la noche, cenando, mi hermano Romeo comentó que tenía la mirada como mi papá. Mi viejo dijo "ah huevo, siquiera uno que salga maldito como yo". Reímos toda la velada. Estaban felices de que también tuviera un hijo. Al otro día mi mamá le dio ropa para que montara. Se cambió y salió vestido con mi vieja ropa de Vaquero; de botas, chaparrera, espuelas y sombrero. Era idéntico a mí a esa edad. Le di un caballo, tomó las riendas y trepó con mucha seguridad. Me contó que su mamá le pagó clases de equitación y que de morrito lo vestía de Vaquero. Todavía me dijo:
-- A veces pienso que mi mamá sigue enamorada de ti.
++ ¿Si?, A lo mejor, la neta soy inolvidable. Respondí presumiendo.
-- Pues yo también, vieras el montón de mujeres que se me ofrecen, pero me cotizo, no es para todas. Dijo, sonriendo coqueto.
Me dio mucha risa. Era muy divertido. Conversamos cabalgando. En mi pensamiento estaba mi Nana, hubiera sido el día más feliz de su vida haber conocido al hijo de su Amílcar.
Nos hicieron una fiesta de despedida. Entre bromas salió el tema de si también había heredado a los antepasados, sin intimidarse, se levantó y se abrió el pantalón para mostrarla, se lo impedí regañándolo. En el escándalo de risas, mi viejo machista se retorció los bigotes, orgulloso de su nieto.
Unos días después de que regresamos a la ciudad, fuimos mi marido y yo a dejarlo al aeropuerto. Nos despedimos. "Te amo papi" me dijo abrazándome. "Yo también te amo, hijito lindo" le respondí. Se fue.
Sentí mucha felicidad.
En la noche le estaba haciendo el amor muy rico a mi maridito que hasta quería tragarse la almohada; se la dejaba completa, la sacaba casi a la punta y de regreso me movía en círculos masajeando su próstata; él paraba sus nalguitas, sudando y pujando; de pronto me dice "ay Don Amilcar, ¡cómo sabe hacer eso!, Si es usted padre de familia". Dejé de metérsela para reírme.
Actualmente mi hijo lleva mi apellido, tiene 19 años, estudia Medicina y su novia está embarazada, es decir, que pronto seré abuelo. Fíjense nomás. Y como diría la Dra. Polo: ¡¡¡Caso Cerrado!!!. FIN.
LEYENDA URBANA.
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