Mi primo vaquero (LU-16-T1)
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador: #relatosleyendaurbana
LU-16-T1
MI PRIMITO VAQUERO
Cuando me gradué de la secundaria no había terminado de pagar los gastos médicos de los weyes esos a los que me surtí porque le pegaron al Chilito (de eso ya conté, en el relato titulado "Homofóbicos") y me mandaron al rancho a trabajar. Tenía 15 años. Entre puercos, vacas y borregos me la pasaba todos los días de las 4 A.M hasta que caía la noche y a dormir rendido... Un buen día llegaron unos tíos y sus hijos, mis primos. Eran personas de campo, expertos en vaquería, gente criada en el sol a sol, de músculos fuertes, miradas sinceras, hablar golpeado y pronunciado acento de la sierra. Con ellos venían dos chicos, uno llamado Ramón un poco más grande de edad que yo y su hermanito de nombre Ismael como de 13 años. Eran amigos de mis primos y los habían invitado a pasear. Cuando los ví me mojé. En especial con el mayor. Este era
chaparrito, bien macizo, espaldas anchas, nalgón, trompudito, blanco, muy simpático. Me los presentaron, el que se llamaba Ramón, rápido entró en confianza:
-- qué pasó primo, ta juerte el jale. Me dijo
++ Sí pues y ni tiempo para una chaqueta. Respondí.
-- ah Dió, pues ahí con las borregas. Contestó con gran simpatía.
++ Las puedo matar y me las va a cobrar doble mi apá. Concluí el chiste.
Se empezó a reír mientras me alejaba montado en mi yegua. Con ese intercambio de palabras, ya éramos amigos y "primos". El menor, Ismael, sonrió tímidamente y se fue a ayudar a mis tíos.
Después de la jornada me bañaba y cenaba. Siempre me sentaba en la mesa de la cocina con los vaqueros (qué ricos hombres), pero ahora que había llegado familia pues iba a estar en el comedor. Eran personas muy lindas y auténticas, nos unía la sangre y nos separaba el lugar donde habíamos crecido, pero nos queríamos mucho. Cenamos y conversamos hasta bien tarde (9 pm). Al otro día, me movieron para despertarme, era Ramón, diciendo que ya eran las 5 am y que todos ya estaban en el "jale". Me vestí en chinga (de vaquero, of course) y salí a la cocina a pedir un pocito de café para alivianarme. Carmen, la mujer que me recibió en sus brazos cuando nací, que adoré toda su vida como mi Nana y que a la vez era la encargada de la casa del rancho, me sorprendió apretando bien fuerte mi pene tieso y me dijo "¡cochino!, mira nadamas cómo estás y ni cuenta te has dado, ay Dios mío, todos ustedes tienen su huevote tan grande, ¡va ser su perdición!". Me chivié mucho con las cocineras y salí corriendo a buscar mi yegua. Transcurrió el día y otra vez a lo mismo en la noche. Ya cuando estaba acostado, mi verga no hacía caso de que ya se durmiera, estaba inquieta, muy dura y babeaba muchísimo. Entre que quería que se aplacara, la apretaba y más me calentaba. No quería masturbarme porque el fin de semana iría a mi casa al pueblo y ahí le iba a descargar a Miguelito, ¡Quería culo!... En eso estaba vueltas y vueltas cuando tocaron mi puerta. "Ora, dije, si ya es bien tarde" (10 pm). Abrí y era Ramón, mi primo de a mentiras. "Qué pasó primo, no puede dormir" le dije pasándolo a la habitación. Estaba súper nervioso, tenía colorados los cachetes. Yo sin pensar nada malo. (Era inocente). Se me acercó "No hables fuerte, nadie me vio entrar"... Ora, pues yo no entendía. "Hablemos bajito" me dijo, más desconcertado me sentí. "Oye, ¿tienes vieja?" Me preguntó en susurros. ¡Por fin entendí!... "No, dije, nadie me aguanta la verga, ¡mira!" Y me la saqué para blandirla, como un juego entre heteros. Se quedó pasmado diciendo: "Está grandota, el día que te vine a despertar me di cuenta". Y me quedó viendo fijamente... ¡Qué demonios! Era tan inocente, todavía no entendía los silencios incómodos, ni el vacío en el estómago ni mucho menos iba a comprender la mirada. Me quedé de pie y sin decir más, se hincó, me la sacó y se la metió a la boca. ¡Ay cabrón! Qué rico. Con ansiedad y moviendo el cuello para atrás y adelante, me dio una chupadota. Caliente su lengua, atorándose su garganta, cerrados sus ojos, limpiándose las lágrimas. ¡Qué rico, ya llevaba semanas sin sentir una boca!... Se detuvo, se subió a la cama y se bajó el short poniéndose de perrito. ¡Qué nalgotas! regordetas, duras, el ano color rosita sin vellos. ¡A su madre!... Me escupí la verga y escupí su culo. "Despacito" dijo. (Desde ese tiempo, casi todos dicen lo mismo). Se la empecé a meter poco a poco hasta que entró toda. Ahí me quedé. Volteó a verme y estaba rojo, rojo, casi morado. "¿Está rico?" Pregunté, movió su cabeza asintiendo, apretando sus labios, arañando las sábanas, aguantando. Me moví lento. Cuando aflojó, le di rápido. ¡Pas, pas, pas!... No resistí, me vine y le dejé toda mi leche que era un chingo y en el último chorro se la clavé más abriendo sus nalgas. Pujó fuerte y arrepentido mordió el colchón. ¡Uff! Yo feliz, riquísimo. La saqué, me había manchado tantito, no importaba, busqué papel para limpiarme. Me tiré a la cama.
Cuando él se levantó mi semen escurrió en sus piernas y le dio mucha pena, a mí me dio risa y solté la carcajada. En eso tocaron la puerta:
-- Ya niño, ya duérmete y apaga la luz". Dijo Carmen.
++ Sí Nana, ya me voy a dormir, mañana me haces chilaquiles picosos, ¿sale?. Respondí.
-- Está bien, a ver, ese muchacho que también ya se vaya a descansar, es tarde. Dijo por último.
Ramón se quedó sin habla con papel en la mano mientras se limpiaba el culo y las piernas. Me maté de risa. Bueno, si había escuchado, pues ya no podíamos hacer nada.
++ Sí, ya va, estamos platicando. Respondí.
-- Bueno. Dijo y se escucharon sus pasos.
El wey se moría de miedo, yo encantado de habérmelo cogido, todavía le pellizque una nalga y le dije "mañana me vas a dar más, todas las noches vas a venir para que te coja". Su pánico no dio para responder.
El fin de semana llegaron mis papás con regalos, cerveza y un montón de cosas. Mi mamá me dijo que por qué no me había ido todavía al pueblo si andaba chingue y chingue.
++ Ah bueno, ni modos de dejar aquí solos a mis tíos! Respondí
-- ajá, ajá, algo debes de estar haciendo, si no te conociera. Me dijo entrecerrando sus ojitos, sospechando.
++ Nada te gusta de mí, mejor me voy a venir a vivir aquí con mi Nana, ella sí me quiere. Dije fingiendo molestía.
Sólo se soltó la carcajada, sabía que algo pasaba. En el corral Ramón, mis primos y mi papá alazaban un caballo arisco. Qué rico me la pasé esas "vacaciones" y todavía faltaba una gran sorpresa, eso me lo reservo para otra ocasión.
LEYENDA URBANA.
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