LOS ARDIENTES GEMELOS (LU-17-T1)
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador: #relatosleyendaurbana
LOS ARDIENTES GEMELOS
*Continuación de Dos Hombres Iguales*
Desperté con unas ganas de coger pero tremendas. Andaba durísimo que casi me dolía. Los estragos de la fiesta habían pasado. Revisé mis msjs; invitaciones a fiestas, guiños de pretendientes, muchos msjs de Damián, el gemelo num 1. Mientras me comía unas naranjas me puse a pensar en el. Me dio ternura su apasionamiento. Era un chico guapísimo que podía tener al hombre que quisiera y se fijaba en este cogelón. ¿Por qué los hombres (en general, las personas) nos aferramos tanto a quienes no muestran interés en uno?. De ese tiempo hice memoria y me di cuenta que sólo me había enamorado una vez y fue de ese morenazo de fuego del último semestre de mi prepa (de el ya conté en el relato "El Nuevo") y después de él, era divertirme, pasarla chido. No sé si me gustaba estar solo, no quería indagar y eso me hizo pensar mucho más en Damián. ¿Cómo sería tener un novio diez años menor?. Me dio risa mi pensamiento y aborté toda conclusión, me estaba poniendo muy filosófico. Marqué a un compa para confirmar mi asistencia a una carnita asada en un ranchito (más bien casa de campo). Me dispuse a arreglarme. Musiquita, despuntadita a la barba, bañito bien sabroso con agua fría. Al pedo. Abrí el clóset. Simón, camisita vaquera color blanco manga corta, jeans bootcut y mis botas vaqueras favoritas, color vino con la punta recortada. Perfumito leve. Ranchero en la ciudad. Me vi en el espejo y sí, chulada de cabrón. Me saqué la camisa así como la usa mi apá y me calé el sombrero de lado. ¡Ijuesu!... ¡parecía matón!. Tomé mis llaves, dinero, celular, condones, lubricante y órale a darle. ¡Me voy a enchufar a unos cinco!... Al llegar a la banqueta para esperar mi taxi vi a Damián, el gemelo num 1, sentadito enfrente. Traía una playera amarilla y una bermuda de mezclilla color celeste, tennis blancos. Me quedó viendo casi horrorizado. Levantó la mano.
++ Qué pasó Damiancito. Saludé coqueto (no puedo evitar saludar así).
-- Este pues... nada... pasaba por aquí y pensé en saludarte. Respondió nervioso.
++ Órale qué bien, pues voy de salida a una carnita asada. Traté de excusarme.
-- No mames Amílcar, nunca te había visto vestido así. Repuso chiveado.
++ Ora, pues si ya te había dicho que soy de rancho. Dije sin importancia.
Entre que controlaba mi risa por verlo tan nervioso, llegó mi taxi. Me quedó viendo de una forma que no puedo describir. Pensé rápido. Me acerqué al taxi, pagué el viaje y regresé con él. "Vamos" le dije y subimos a mi departamento. Caminó con la mirada baja, sonriendo, como satisfecho. Dando un paso adentro, se me avalanzó con furia. Arrebatado. Se prendió con un beso intenso. Arrancó mi camisa, las botas, mi pantalón. Tiró mis cosas. Caímos al sillón. Se desnudó en segundos. Lo cargué en vilo para recostarlo, levantó sus piernas, se untó saliva, dirigió mi verga y le entró un buen pedazo. Ahogó su dolor mordiendo mi barba y resoplando. Oh bien, lo quería salvaje. Me separé. Busqué mi pantalón. Sus ojos eran llamaradas viéndome desnudo que me ponía el condón y el lubricante... Con fuerza lo puse boca abajo, atrapándolo en el respaldo. Dobló sus piernas, acomodando para empinarse y moviendo los pliegues, su ano me llamó. Le puse un chorro de lubricante. Se la clavé de golpe. Gritó. No me importó. Me moví fuerte y lento, después rápido, como quise. Le jodí el culo con vicio, apurando mi venida. Sus gritos supuse podían escucharse en el pasillo y alguien también pudo vernos desde otros edificios. Me saqué el condón, lo volteé y le tiré mi semen en la cara, cuando terminé se lo embarré hasta en el pecho y me desplomé en el sillón. Me la limpió chupándola. Su succión era muy fuerte y me dieron ganas de orinar. No dije nada, sólo retiré su rostro, me levanté y un chorro caliente y amarillo de orines le bañó la cara y el pecho goteando al piso. Sus quejidos eran lamentos. Me jaló, me besó, estaba ardiendo. Así tirados nos revolcamos en mis orines, le metí los dedos, casi la mano. Decía porquerías. Pedía nalgadas. Me la chupaba, la escupía, masturbaba. Me puse otro condón. La metí toda de un sólo empujón, sus gritos eran más fuertes y su gesto de excitación era muy extraño. Lo subí al sillón de nuevo y así de frente me lo cogí concentrado en saber cuándo gritaba más. Cuando llegó su eyaculación fue potente, largos chisguetotes llegaron hasta su cuello. No me detuve, seguí dando, no lo impidió. Apretando sus labios, crispadas sus venas, aguantaba el flaco, rico le estaba picando la próstata. Vi su pene durísimo y de pronto salió otra carga escurriéndose sobre su pubis bajando ligas hasta sus huevos. Qué delicia de jovencito. Me saqué el condón, me di dos tres jaladas y disparos blancos cayeron sobre todo su cuerpo. Quedamos así, viéndonos, agitados con el corazón acelerado. La sala era un desmadre... Entre risas me ayudó a recoger. Nos bañamos, se fue.
Estaba trapeando cuando sonó el teléfono, pensando que era mi amigo de la carnita asada contesté de inmediato. Escuché: "Amílcar por favor no cuelgues, soy Damián, por fa quiero verte, te juro que sólo quiero hablar contigo, te prometo respetar tu decisión, pero necesito que me lo digas de frente, estoy afuera de tu edificio, ya vi que tu luz está prendida, por fa"... ¡Queeee!?
LEYENDA URBANA.
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