EL CHILITO MIGUELITO (LU-21-T1)
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador: #relatosleyendaurbana
LU-21-T1
EL CHILITO MIGUELITO
A Miguelito le decían El Chilito. Ya saben, por el polvito picante. Era un divo en pleno, arrogante, temerario, audáz, caliente, sobre todo, de mucho valor; porque hace falta tener los huevos bien puestos para salir a la calle con la ropa entallada, mirada tremenda y movimientos cadenciosos en ejercicio de la libertad y enfrentar las habladurías, los insultos, con el latente peligro de la homofobia que por ignorancia, odio internalizado o simple ignorancia puede llegar hasta actos criminales y todavía mucho más en un pueblo bicicletero en donde "el chisme" era un deporte de alto rendimiento. Desde niño se le notó la putería, que iba a ser "quebradito". Me contaba que su papá lo ponía a jugar a la pelota, pero él traía en la bolsa de su short, zapatillitas y vestiditos de sus Barbies que escondidas esperaban su turno para jugar abajo del lavadero; su papá le pateaba el balón y el corría a agarrarlo, ya se imaginarán cómo. Entonces su jefe, que era un mecánico muy respetado en la región, lo regañaba diciéndole: "¡Miguel Ángel no corras así!" O "¡Patea la pelota no seas wey, no la agarres!"... Contado con coreografías no podía parar de reír. Cuando llegó a mi vida aquel morenazo que me dejó "un hueco muy difícil de llenar" en el último semestre de la prepa (de eso ya conté en el relato "El Nuevo") fui con Miguel a preguntarle cómo le hacía para tener tan limpísimo el culo, era una cosa extraordinaria. Se tiró al piso en una risa que hasta pensé le había dado un ataque. Recuperado, preguntó el montón de cosas, no solté prenda. Después de que le pasó la curiosidad, me enseñó cómo se metía agua al culo para que quedara más que limpio, hasta oliendo rico como para darle unas buenas chupadotas y lengua. De a de veras sorprendido le pregunté cómo había aprendido a hacer eso (en ese tiempo no había internet en el pueblo), pues me contó que una vez que estaba muy morrito (pero que ya le picaba la cola), de pura chiripa había encendido la videocasetera y estaba una película porno de su Papá. Impactado vio cómo el hombre metía la manguera a una mujer en el ano, soltaba agua, evacuaba y después le ponía una buena cogida y el miembro salía más limpio que sotana de cura en Semana Santa; entonces de ese tiempo, comenzó a practicar de mil maneras hasta que descubrió que ocupando un bote de plástico podía asearse bien. Sus papás pensaban que eramos novios y me trataban con mucho cariño. Un día mi papá en la comida dijo que el papá de "el amiguito de Amilcar", le decía "compadre". Sin evitar imaginar la razón le respondí que por qué se sorprendía si en el pueblo todos eran compadres o se trataban como tal. "No -- dijo mi jefe-- a mí se me hace que piensa que estamos emparentados" obviamente nos reímos. Mi viejo se enojó en broma. En una de esas andanzas fui a verlo una tarde al terminar un partido de fut (los futbolistas eran su fetiche). La neta, andaba bien caliente. Toqué y abrió de volada como si estuviera esperándo a alguien, su reacción al verme, lo delató:
++ ¡Ándale, pinche puto! A quién estás esperando cabrón. Dije riendo.
-- ¡Cállate! --me dijo con la seña del secreto-- va a venir Alex, el hijo de Don Tono.
Sin esperar que me invitara a pasar, me metí.
++ ¡Qué Tono!. Pregunté intrigado y chismoso.
-- Don Tono, el de la tienda de las licuadoras, va a venir su hijo Alex, el que está en mi Prepa. Respondió, apurándome a la puerta.
++ Wey, vete a la verga, ¿por qué me empujas? quiero ver que te coja. Dije sentándome en el sillón bien divertido.
-- Yo lo voy a coger wey, por favor vete, luego vienes. Dijo jalándome para que me fuera.
++ ¡Ooora! -- di de gritos riendo-- ¿cómo que tú lo vas a coger?, No mames.
-- ¡Qué! pendejo, Si también tengo cómo, puedo cogerlo. Me increpó bien enojado.
No aguantaba la risa.
++ Bueno, déjame ver cómo te lo coges, si no me dejas, de aquí no me muevo. Lo extorsioné.
-- ¡Ay Amílcar! no seas así, mira si no te vas, ya no voy a coger contigo. Me amenazó.
++ No cojas, puedo cogerme a todo el pueblo si quiero. Le insistí acomodándome en el sillón quitado de la pena.
Después de pensarlo unos segundos y haciendo berrinche, me dijo:
-- ¡Ay maldito! Ven pues, pero no vas a hacer ruido. Y se metió a la habitación de sus papás.
Allá fui entusiasmadísimo. Indicó que subiera al clóset, donde acomodaban las maletas... Me trepé..."No hagas ruido pendejo, ahí puedes ver bien y tampoco te vayas a masturbar, asqueroso" sentenció bien enojado, señalando con su dedo.
Estaba divertido el asunto, nunca había visto que alguien cogiera. Cada sonido de la casa despertaba mi morbo. Se me empezó a parar, la saqué, le salía agüita. ¿por qué me excitaba tanto?.
Escuché que entró el bato.
-- ¡Hoola!, Creí que no vendrías, ¡pásale!. Dijo Miguel con su super voz coqueta.
"Mira nadamas, hasta se pone coquetote" pensé desde mi escondite limpiando mi nariz del polvo.
-- Si, es que tenía muchas cosas qué hacer --dijo la víctima-- ¿estás solo?. Preguntó nervioso.
Escuché tronidos de besos. Uta, qué excitante. Me la empecé a apretar. En eso entraron a la habitación besándose apasionadamente. "Ay cabrón, es cierto, es el Alex" pensé sorprendido... El chico nervioso. El Chilito intenso de activo. (Una vez medimos nuestros penes y el suyo medía 17 cm, buen pito). Alex se bajó por los chescos. Miguel, sentado en la cama con las piernas abiertas y apoyándose con las manos en el colchón, el otro bien entrado mame y mame. Me excité mucho más, como la tenía de fuera, escurría el agua, literal. No miento. Miguel levantó su rostro, me ubicó y guiñó un ojo. Alex se levantó, y quitándose el short le dijo que se la metiera. Miguel se desnudó, se puso un condón (al menos sólo conmigo coge a pelo, pensé), el chavo se quedó con playera, se puso de perrito. Se la empezaron a meter. Era riquísimo verlos. Le entró toda y empezó a cogérselo. Duro, cabrón. El chavo la aguantaba y se la jalaba. Qué cogidón. Se vinieron bien sabroso. Miguelito se quitó el condón con calma, el chavo se limpió rápido con mucha pena y salió. El otro todavía me quedó viendo. Afuera hablaron y se fue el bato. Entró Miguel a verme riendo bien contento. Me disponía a bajar cuando abrieron la puerta de la calle y entraron sus papás. ¡Chinguesumadre! Me volví a esconder. Miguel salió, le preguntaron por "el muchacho que acababa de salir" y dijo que había ido por una tarea. Ni le creyeron y lo regañaron. Su jefe entró y se tiró a la cama. El Chilito se dio cuenta del problema y entró a decirle que fueran a dar una vuelta:
-- Papi, Papi, no te duermas papi, llévame a comprar algo.
-- ah Miguel cómo chingas, estoy bien cansado, al rato los llevo a cenar, ahorita déjame dormir.
-- ándale papi, vamos a comprar un mango o una nieve.
-- ah cabrón, hay mango en el refri. ¡Esperanza, ven a ver a tu hijo que no me deja descansar!. Gritó el señor.
Chale, llegó su mamá y le dijo que se aplacara, que dejara dormir a su papá, que al rato saldrían a cenar. Miguel no pudo hacer más. Padre Santo, en mi casa me iban a madrear si llegaba tarde. Más tardé en pensar en eso que el señor ya estaba roncando y hasta tirándose pedos. Ahí me quedé, sin poder siquiera moverme. Miguel entraba y me buscaba con la mirada haciendo señas que esperara. Dieron las ocho, se levantó el señor, se echó un baño. Los vi que se arreglaron. Miguel los apuró. "¡tengo mucha hambre, me voy a morir!" Les gritó. Dieron las nueve, salieron a la calle. Ahí me quedé. Escuché la puerta, Miguel entró corriendo "bájate pendejo, no tengo tiempo, me están esperando" dijo y salió a la sala. En chinga bajé con todo y mochila. Rumbo a la salida, Miguelito me esperaba en el sillón con el pantalón abajo, acomodado de perrito, con el culito al aire. Sus nalguitas lampiñas, las nalgas en forma de corazón. "Weey, apúrate, métela"... pa luego es tarde. Todavía la tenía mojadita, se la metí rápido sólo con saliva.
--aaaaayy, mi amor, estás durísimo, alv, qué rico, apúrate bebé, apúrate, aaay, ay, ay ay... Pujaba agarrándose del respaldo.
++ te hizo falta un piquete ¿verdad putito?. Le dije y me movía rápido, ensartándosela.
-- aaaaayy, sí mi amor, pero tú sabes que soy tuyo, ya vente Amílcar, aaay, ay, ay
++ ¿Ya la quieres?, ¿Ya la quieres?, tu culo es mío ¿entendiste? Sólo yo te tengo la medida, ¡entendiste!. Le seguí diciendo y sus nalgas tronaban.
Si alguien hubiera pasado por la calle seguramente nos hubieran escuchado. Sentí que me venía y le avisé. Gimiendo y pujando dijo "Dale bebé, dale"... ¡PAAS!... ¡Qué palazo!... No se limpió, sólo se subió el pantalón. Salimos con mucho cuidado. Nos fuimos por calles diferentes. Se fue con la zanja mojada y mis mecos adentro. Cuando llegué a mi casa ya iban a dar las diez. Mi mamá me agarró desde la entrada.
-- ¡¿Dónde chingados estabas?! Grandísimo granuja. Gritó desde la cocina.
++ Pues fui a jugar, ¿que no te pedí permiso?. Respondí haciéndome el pobrecito.
-- ¡Ja! Irías a jugar las nalgas de algún muchacho, ¡mira qué hora es!
++ ah bueno, ni modos que cada que salga a la calle voy ir a coger, estaba platicando con mis amigos en el parque. Contesté defendiéndome
-- Que te compre el que no te conozca, vete a bañar, mira cómo estás de mugroso, ¡mañana lavas esa ropa! --sin dirigirse a mí, siguió diciendo-- ay Dios mío, con los otros no tengo paz por mujeriegos y ahora este que salió al revés, viene oliendo a puro culo.
" Chale, ¿huelo a culo?" pensé riéndome. Me metí a bañar y todavía me hice una, recordando. Que rico.
Tenía el chingo de hambre, bajé a la cocina. Ahí estaba mi jefa preparándome unas quesadillas con champiñones. Mientras comía con una salsita verde, se acercó a abrazarme.
-- Ya no vuelvas a venir tan tarde mi amor, mira las ojeras que tienes, te voy a comprar vitaminas. Me dijo y besó mi cabeza.
++ Eres bien grosera conmigo, mira cómo me gritas, si yo ni te doy problemas y soy bien bueno. Le dije haciendo pucheros y atacándome las quesadillas que estaban bien sabrosas.
-- Ajá, no te doy problemas, si ya me dijeron que no sales de la casa de Miguel. Agregó acariciando mi cabello mojado.
++ Pues sí, tengo necesidades, ya tengo 16 años. Respondí dándole un trago al café.
-- ay Dios mío, ¡cínico!, pobre Miguelito quién sabe cómo lo has de dejar --Se fue diciendo-- ¡ya te duermes!. Gritó entrando a su habitación.
Me quedé tomando mi café. Qué rica cena, qué rico palo, qué rica chaqueta, qué rico todo.
Por cierto Alex nunca salió del pueblo, se casó con una prima mía. Cosas de la vida...
LEYENDA URBANA.
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