AMOR VAQUERO (LU-19-T1)

 Relatos Gay desde el Cuarto Piso 

Colaborador: #relatosleyendaurbana 

LU-19-T1



AMOR VAQUERO.


(Relato final, continuación de "Los Vaqueritos" y "Mi Primito Vaquero")


El día sábado comimos mole y pastel. Cuando le di el abrazo a Pedrito lo apreté de la cintura para que sintiera el rigor. Los Vaqueros se pusieron una buena borrachera en las galeras. A la noche estaba fajando bien rico con Ismael (después de que Ramón ya se hubiera ido con su ración de leche), cuando escuchamos música fuerte. Nos asomamos a la ventana y era Pedrito que briago, cerca de la casa, bebía de una botella con una grabadora en las piernas y lloraba. Nunca voy a olvidar que escuchaba a Antonio Aguilar (ahora mismo mientras esto escribo me estoy riendo del recuerdo). Llegaron dos Vaqueros que casi no podían sostenerse, cargaron con él y la grabadora y se fueron rebotando, nosotros quedamos platicando: 


++Órale, Pedrito está bien riata. comenté sorprendido


--Pues está enamorado de tí, te vino a dejar serenata. Me respondió, mientras se ponía el short y la playera para irse.


++ No mames, cómo crees. Dije acomodando mi cama.  


-- Claro que lo sabes y hasta te lo quieres coger. Agregó y se salió bien enojado. 


"Y ora, este wey está ensayando sus celos para cuando tenga marido", pensé y me dormí con una sonrisa. Al otro día (7 am) me dispuse ir a dar una vuelta a una comunidad cercana. Eran dos horas a caballo. Iba saliendo cuando se acercó Ismael: 


-- ¿a dónde vas?. Me preguntó. 


++ Voy a Santa Anita a comprar cosas y dar una vuelta. Respondí, ajustando mi silla de montar. 


-- Voy contigo o te vas a ver con Pedrito. Me dijo y me quedó viendo bien intenso. 


++ Serio también le dije - bueno, tú qué chingados tienes, andas de celoso por Pedrito, pero de tu hermano no dices nada y hasta terminando de cogérmelo, llegas a andarme sobando la verga y besarme, aplácate cabrón o no te rompo el culo en tu cumpleaños- concluí, trepé en mi yegua y arranqué dejando una polvareda. 


Volteé a verlo y ahí seguía con los brazos cruzados y bien trompudo. "Loco cabrón", me reí. A cierta distancia divisé que alguien venía detrás a galope. Era ¡Pedrito!.


-- "¡Patrón, patrón, quiero hablar con usté!". Gritó, mientras le iba pegando el freno a su caballo. 


Me detuve. 


++ Qué pasó Pedrito, qué dice la cruda. Le dije sonriendo y quitándome los guantes, esperando a ver qué me decía. 


-- "Patrón, quiero disculparme con usté por hacer ruido cerca de la casa grande, es que ya estaba muy tomado, mi papá me mandó a pedirle disculpas después que me contó lo que hice, lo fui a buscar pero me dijeron que se había usté venido a Santa Anita y no quise que pensara usté mal de mí el resto del día y por eso pues mire usté vine a perseguirlo, verda jeje, usté disculpe patroncito, no lo volveré a hacer, es que si estaba bien tomado, ya hasta mi papá me pegó...". 


Seguía hable y hable temblando de nervios, los ojos llorosos y los cachetes colorados. 


++ Ándale pues Pedrito, no te preocupes, ya está olvidado, ¿quieres acompañarme a Santa Anita?. Dije acomodándome para comenzar a cabalgar. 


Todavía temblando y sin dejar de peinar con los dedos la crin de su caballo, me dijo muy nervioso. 


-- Es que mire Patroncito, quiero decirle algo, no sé cómo lo vaya usté a tomar, yo le juro que no quiero ofenderlo y tampoco quiero que piense usté mal de mí, es que mire usté... 


No dejé que terminara... 


++ Sin rodeos Pedrito, dime las cosas derecho (eso se lo copié al energúmeno de mi papá). Dije apoyándome en la manzana de mi silla. 


Levantó la mirada y me quedó viendo con una tristeza inmensa


-- Es que no sé cómo decirle. volvió a titubear.


++ Ya sé que te gusto Pedrito, también sé que no dejas de verme y cuando estoy en el río me espías escondido en los matorrales. Dije por fin. 


Uta, se le fue la sangre del cuerpo. Abrió los ojotes y no supo qué decir. 


"Ven, le dije, ahorita te voy a dar tu regalo" salí del camino y me metí a un lado, me siguió. Nos internamos en el monte. No hablamos. Llegando a un clarito donde bajaba un arroyito. Me detuve, me bajé, apeé mi yegua, le dije que se bajará. Nos lavamos las manos y la cara: 


++ Ta bien bonito acá. Comenté -apenas empezaba a calentar el sol- Nos metamos al agua, ¿qué dices?. Le propuse sonriendo. 


-- lo que usted diga patrón. Dijo todavía tímido. 


++ Wey ya deja de portarte así, me siento como si fuera un pervertido, además no me digas "patrón", al menos no ahorita; puedes llamarme por mi nombre. Le dije con firmeza, abriéndome los jeans y quitándome las botas. 


-- Ta bueno Patrón, digo, perdón, Don Amílcar. 


++ Oh qué la chingada, tampoco me digas "Don" si soy más chico que tú. Le dije terminando de desnudarme. 


Cuando me vio desnudo, se quedó estático mientras se desabotonaba la camisa. "Qué me quedas viendo, si ya me habías visto así" le dije y me metí al agua que estaba bien fría. Nos remojamos y en partes profundas nos zambullimos, el arroyo no daba chance de nadar. Cuando se me acercó lo besé muy rico, acaricié sus nalgas duras, peludas. Salimos al pasto, lo vi bien.


Era delgado, velludo de los brazos, con el tronquerío de los vellos en la cara de las primeras afeitadas, filoso y perfecto el corte de la mandíbula, mentón puntiagudo, cejas pobladas, labios delgaditos y bien definidos. Olía rico. Sus piernas también peludas y fuertes. El ombligo reventando de vellos crespos que seguían un camino hasta cerca del pecho. Espalda ancha, cintura reducida, músculos delgados pero definidos, huesos macizos. Lo abracé, lo besé. De pronto me abrazó más fuerte y casi llorando me dijo: "Te amo Amílcar, no puedo estar sin verte, no sé qué hacer, mi papá me mataría si se entera de lo que siento"... Lo besé mucho en todo su cuerpo. Temblaba, estaba tan frío. El ruido del monte acompasaba sus gemidos. La frescura del rocío que se evapora conforme calienta el sol se combinada con nuestro sudor, saliva. Mi pene estaba medio duro, colgaba entre sus nalgas mientras lo tenía abrazado montado en mí. El suyo pegado a mi ombligo. Muchos besos, a cada oportunidad me decía cosas lindas de enamorados. Masajeaba sus nalgas, tocaba su ano peludo. Lo recosté, puse mucha saliva en su culito, en mi verga. "¿Ya te han penetrado?" pregunté, movió la cabeza negando. Dio mucho trabajo, sus vellos me rozaron, pero entré, apretado el recto, ardía. Sus ojos cerrados, su entrega sin igual. Seguí entrando, lento, suave, disfrutando su virginidad, su primera vez a sus 17 años. Nunca lo olvidaría. La seguí metiendo, a cada pedacito acompañaba un gritito. La enterré a la base, sollozó. Ahora tenía mi medida, nunca me olvidaría. Lo cogí rico, levantadas sus piernas. Mis nalgas haciendo fuerza. Su ano se acostumbró, aguantó. Me vine recio, lo preñé dejándole todo, gimiendo, viendo su rostro con miedo, su mirada tierna. Fui su semental. Desnudos nos agarró la tarde, quiso hacer una fogata, dije que no, debíamos irnos. Llegando al camino le dije que entrara por otra parte al rancho. Yo me tomaría un tiempo. Se fue feliz cuando el sol comenzaba a ocultarse. Llegué al rancho en chinga cuando mis tíos y primos ya cenaban. Comí con voracidad un conejo completo. Ismael estaba enojadísimo. Más tarde rechacé a Ramón, dije que estaba muy cansado. Humilde como siempre se retiró. Al rato Ismael sin tocar empujó la puerta y se metió al cuarto. "Dónde están las cosas que compraste" preguntó, "qué te importa" respondí riendo. Me quedó viendo con desprecio y añadió "si te vas a coger a Pedro, al menos sé discreto, todos se dieron cuenta que no estuvieron hoy en el rancho. ¡Qué! ¿le diste su regalo de cumpleaños?". Me dio mucha risa, me tiré a la cama. Se fue bien bravo... Entre vaqueros te veas. 



Me encontraba a Pedrito solito y nos besábamos, le apretaba las nalgas, lo chupaba de todas partes, quedaba sudando sin fuerzas. Andaba caliente todo el día. En la noche le clavaba la verga sin compasión a Ramón, cuyo culo estaba ahora flojito pero rico, lo dejaba escurriendo. Después Ismael llegaba y me besaba y fajaba metiéndome mano por todas partes y hablándome serio, celándome. Entre los tres me la pasaba de lo más feliz. Una tarde que regresaba de otro rancho, fui a la casa a cambiarme de botas; en el pórtico estaba mi Nana y mi tía curando a Ismael y a Pedro de la cara. "¿Y ora qué pasó?" Pregunté sorprendido. "Estos que parecen animales, quién sabe qué se traen, ya necesitan mujer; se agarraron a golpes en la caballeriza, si no los separan se matan. Chamacos peleoneros y pendejos". Me explicó mi Nana poniéndoles venditas. Parecían boxeadores después de la pelea. Me dio risa y a la vez nervios. Siguió la jornada normal, al terminar cuando ya estaba oscuro, me estaba tomando un café afuera, antes de subir a bañarme, cuando me tiraron una piedrita. Volteé y era Pedro que me llamaba. Revisé que nadie viera y fui a cogerlo en las caballerizas. Con la emoción de que nos cacharan porque los vaqueros se estaban bañando para ir a cenar. Ahí de pie, se bajó el pantalón y la metí. Qué rico. Le di duro, abierto y agarrándose de una bardita me recibía su ano, se mordía los labios y resistía mis embestidas. Avisé que me iba a venir, "vente, vente, échamelos". Y le obedecí. Asumadre. Qué rico culo. No mames. Nos limpiamos, arreglamos e hicimos que platicábamos. Pregunté por qué se había peleado con Ismael. "Ta pendejo ese wey, sólo de la nada me buscó pleito, pega duro el puto, de un madrazo me abrió la ceja". Nos reímos. Fui a bañarme. En la cena, estaba Ismael encabronado todavía. Mi tío le preguntó "Ey chaparrito y ¿por qué te peleaste con el hijo del Capatas?" Sin voltear a ver, respondió "porque es un igualado, se metió con mis cosas". Sentí la indirecta mientras todos reímos. Después de cenar fui a darle un beso a mi Nana para subir a dormir y me tomó del brazo. 


--"Pérate ay" me dijo bien seria. 


++"Y ora qué hice" pregunté inocente. 


-- "Párale a tu jueguito ese de andar de Mil Amores. Vas a provocar una desgracia, veniste a trabajar al rancho para que pagues eso que hiciste en el pueblo y aquí ya te metiste en dificultades, no lo voy a repetir, sólo esta noche voy a dejar que entren esos muchachos a tu cuarto y de Pedrito vete olvidando que sino voy a pedirle a tu papá que despida al Capatas" 


¡Tómala! In my face... 


++ Pero yo qué hice. Suplicando y fingiendo demencia. 


-- Ya te dije, no lo voy a repetir. No me haces pendeja, si vuelvo a escuchar ruidos mañana en la noche en tu cuarto, vas a ver lo que voy a hacer y todavía soy tan buena que voy a dejar que hoy estés con esos dos muchachos por última vez, ya dije. Sentenció. 


Dios mío, me sentí íngrimo. Todavía intenté defenderme. 


++ Eres bien mala conmigo, si no he hecho nada malo, a lo mejor ni me quieres. 


-- Ya te dije Amílcar, si no haces lo que digo, me voy al pueblo pasado mañana... y ya vete a despedir de todos tus novios -- y juntando sus manos, mirando al techo como si fuera el cielo, en lamento de imploración dijo- ¡Santísima virgen de Guadalupe, "quítale lo pendejo a mi Amilcar, que lo puto se le va a ir quitando poco a poco". Ayy Padre Redentor, por qué son así todos estos hombres, Dios Mío, los otros no salen de las camas de tantas mujeres y ahora este... ¡ven en mi auxilio Padre Santo!".


Me sentí ofendido y me di la vuelta. 


-- A dónde vas mugroso, dame mi beso, cochino cogelón. Gritó. 


Le dí un beso sin ganas y me besó a la fuerza toda la cara; me fui a mi cuarto. 


A Ramón que tanta leche le había dado, esa noche sólo platicamos. Me contó que tenía novia allá de dónde eran, que era muy bonita e iban a casarse, tenía unos ahorros, ya iba a cumplir 18 años y estaba en tiempo para hacerlo y por eso llegaba todas las noches a mi cuarto porque sabía que ya casado no iba poder hacer eso. "Ajá" pensé. Bueno, me contó su historia, su primera vez, que cuando me vio y estuvo conmigo pensó que tal vez podría enamorarse de mí o de otro hombre y se ilusionó pero que después de unos días también se dio cuenta que eso no puede ser posible en nuestro tipo de vida... Conversamos bastante y se fue. Me sentía muy cansado. Estaba pensando si iba a llegar Ismael, cuando entró triunfal con el ojo morado y el labio roto... Nos acostamos y lo abracé de ladito. 


-- ¿Estás enojado? Me preguntó. 


++ No, sólo pienso en ti -- antes de que preguntara otra cosa, le dije -- Flaco, has pensado que ¿tal vez mereces a alguien mejor a quién entregarle tu virginidad? 


-- ¡Por qué dices eso!. Dijo incorporándose con furia.


Pasé largo rato explicando y él escuchando atentamente. Le conté la horrible experiencia que había vivido con mi vecino por apresurarme y después lo lindo que fue haber conocido a Miguelito (de eso ya conté en el relato "Mi Primera Vez"). Sin descanso y procurando usar las palabras adecuadas, le dije que no merecía su primera vez, no quería ilusionarlo porque tal vez no volveríamos a vernos, además de que como yo veía él era un chico muy valiente que estaba seguro viviría su sexualidad de forma bonita y libre sin importar lo que dijeran los demás y para eso necesitaba respaldarse tomando buenas decisiones. Traté de convencerlo. Después de escucharme, me confesó que yo le gusté desde el principio, que odió a su hermano cada noche que nos escuchó coger. Llorando me dijo que sentía una tristeza muy grande por lo que le decía pero que lo iba a aceptar, que iba a ser responsable y tomar buenas decisiones así como se lo había pedido y que si algún día volvíamos a vernos, le prometiera que haríamos de cuenta que nada pasó y podríamos volver a empezar; finalizó soltando el llanto como un niño, tapándose la cara con la sábana. Me partió el corazón, pero no podía herirlo, engañarlo. Por último me pidió si podía dormir conmigo. Nos venció el sueño abrazados, fue tan lindo. Al otro día normal la jornada. Hice caso a mi Nana y ya no dejé abierta mi puerta. Fustigué mis demonios y no hice nada... Me ocupé en muchas cosas. El viernes desperté con un destello de alegría y algo emocionado, era un día especial. Busqué a Ismael, me evitó. Antes del medio día llegaron mis papás. Mi viejo me chifló desde la casa, cuando me acerqué me dijo "agarra tus cosas, Mijo, te vas al pueblo ahora mismo, vas a encargarte de la Carnicería" sin voltear a verme, observando los corrales. Me quedé de pie. "¡Qué esperas!" Dijo apurándome. Junté mis cosas. Me despedí de todos. No encontré a Pedro. Ramón se despidió normal, Ismael se escondió. Subí en la camioneta, arranqué y salí del rancho, faltaba poco para llegar a la carretera cuando vi a Pedro que cortando camino me había alcanzado. Me emocioné. Me bajé del carro.


-- Me dijeron que ya te vas. me dijo agitado. 


++ Sí, ya me voy pero luego regreso. Respondí. 


-- Pues creo que ya no nos veremos porque mi papá me dijo que nos vamos a otro rancho y es que -- titubió-- ya me voy a casar. Agregó con tristeza. 


++ ¿Desde cuándo lo sabías?. Pregunté algo intrigado. 


-- Pues desde hace unos meses, antes de que llegaras. Dijo avergonzado. 


++ Ta bien bato, pues ahí que te vaya bien. Dije metiéndome a la camioneta. 


-- Oye pero podemos volver a vernos, si tú quieres. Me propuso un poco apenado. 


++ Nel, así estamos bien, cuidate. Finalicé y arranqué.  


Se quedó montado en su caballo, viendo cómo me alejé sobre el asfalto. 


Mientras manejaba iba pensando que no me había enamorado de ninguno de los tres, de eso estaba seguro, mas no entendía esa terrible angustia que me asaltaba. Tal vez era porque todos habíamos perdido. Todos buscamos algo que no encontramos. Con un nudo en la garganta deseé volver a ver a Ismael... Antes de salir no alcancé a felicitarlo por su cumpleaños que era ese día. FIN. 


LEYENDA URBANA


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