MI PRIMERA VEZ (LU-02-T1)
Relatos Gay desde el Cuarto Piso
Colaborador. Leyenda Urbana
MI PRIMERA VEZ…
Cursaba la secundaria, tenía como 14 años. Sentía mucha urgencia de estar con un hombre para de una vez por todas, descubrir lo que pasaba con mis emociones, mi cuerpo, mi sexualidad. Era en ese tiempo un chico muy tranquilo, aunque no sacaba excelentes calificaciones, al menos no reprobaba. En casa, era muy servicial y todos me querían y respetaban mucho. Siempre fui guapo y atractivo y por ello se sorprendían que no tuviera novia estable. Tenía muchos noviazgos con chicas, pero sólo de una o dos semanas a lo mucho. Puedo decir que a las chicas más bonitas de mi secundaria les di sus buenos besotes, sin embargo, no había tenido relaciones sexuales. ¿Por qué?, no lo sé. Tal vez estaba muy confundido. Lo que sí recuerdo es que había un amigo que me gustaba mucho, estar cerca de él, me hacía sentir una emoción que no podía descifrar. En pocas palabras, la confusión venía precisamente de eso, no sabía si me gustaban los hombres o las mujeres.
Aquí hay algo muy particular en mi historia, y es el tamaño de mi miembro, según tengo entendido, mi abuelo tenía un pene seriamente ¡descomunal!, su padre (mi bisabuelo), era originario de Belice y estaba superdotado. Mis padres sólo tuvieron varones, somos nueve en total, yo soy el más pequeño. Crecí entre puros hombres y mi madre nos educó con la confianza y a la vez el respeto que se requiere para mantener controlados a diez hombres en la casa si incluimos a mi papá. Pues bien, la cuestión, es que como decía, por genética, todos los hijos de mi papá tenemos un pitote. El mío mide 22 cm (comprobables), y así, todos, andan en el mismo calibre, aunque uno de ellos, dice que le mide 25 cm. Y se lo creo, porque crecimos viéndonos desnudos, bañándonos juntos, jugando, en fin, somos de mucha confianza y por otra parte en el pueblo en donde crecí, las mujeres a las que mis hermanos habían tenido de novias o amantes habían divulgado esta situación, e incluso puedo decir que se convirtió en una LEYENDA URBANA, que todos los hijos de tal señor, estaban muy bien despachados. La verdad es que para la edad que tenía en ese entonces (14 años), yo no había tenido sexo, pero obvio, tenía muchas erecciones y era casi imposible que no se me viera el paquete que me cargaba, aunque nadie supiera que yo no sabía si me gustaría ensartarlo en una vagina o reventar un buen culo de hombre. Mi pene palpitaba cada que veía correr a los chicos en deportes o a las chicas que me buscaban para besarnos a escondidas o alguna atrevida me tallaba el miembro por encima del pantalón. Sí, muchas veces la tuve durísima hasta explotar, pero por alguna extraña razón, pues no se había dado la oportunidad de que de una vez alguien me sacara la leche. En mis sesiones de masturbación, recuerdo que resbalaba mi mano por todo mi pene, de la base a la punta, jugaba con mis huevos, tocaba incluso mi ano, tomaba una cinta métrica y llevaba el control del crecimiento de mi pene, en verdad, que estaba orgulloso de mi herencia genética. Pero, vivía atormentado por no saber qué querer, cómo descubrir lo que pasaba por mi cabeza. Es muy difícil ser adolescente.
En eso andaba de querer coger. En unas vacaciones de verano llegó de visita un vecino a su casa, estudiaba la Universidad, andaba como en sus 23 años más o menos, estaba casado, tenía una niña, en casa de sus papás vivía su esposa y la nena. Pues mi vecino había sido mi cuate de toda la vida, aunque tenía diferencia de edad, en provincia se acostumbra llevarte con todos, fueran de la edad que sea. Una tarde fui a jugar naipes a su casa y estaban sus hermanos que eran menores que él y pues ahí en el cotorreo, sentí que por debajo de la mesa me tocó las bolas con su pie. Me sorprendió, lo quedé viendo, pero no me dio la cara. Pasó, me fui a mi casa, al otro día regresé a seguir jugando. Todas las tardes hacíamos lo mismo y él cuando podía lo intentaba. Una de esas tardes llegué y sólo estaba él. Nos pusimos a jugar y descaradamente hizo lo mismo que antes pero ahora me quedó viendo y me preguntó derecho: "ya te sale leche?", sin inmutarme le dije que sí, obvio yo ya sabía que quería verga, y sin más me volvió a preguntar sin dejar de mirar sus cartas: "es cierto que tus hermanos están bien pitudos?" le respondí afirmativamente y supe que esa tarde por fin iba a probar a un hombre. Sin más me dijo que fuéramos a la cocina. Nos levantamos y fuimos. Ahí se acercó y me quiso besar, lo rechacé. Me sobó el bulto, yo temblaba de nervios. Se agachó, me la sacó y recuerdo muy bien que dijo "ah cabrón, tienes una vergota" pues ya la tenía parada. Se la metió a la boca, al contacto, sentí riquísimo, cerré los ojos y me temblaron las piernas. Su boca caliente chupándomela era algo extraordinario. Pero me raspaba con sus dientes y luego tenía bigote y también raspaba, o sea que el tipo no la sabía mamar, pero para ser mi primera experiencia era lo máximo. Me la chupó un poco y después me llevó a su habitación. Se quitó el short que tenía puesto y se puso de perrito en la orilla de la cama. Yo estaba impactado, no sabía qué hacer. Entonces se puso crema para la piel en el culo y me dijo "métemela"… De mis hermanos había escuchado que se metía de chingadazo (de un empujón), pero pues ellos hablaban de vaginas no de anos. Completamente inexperto, le acomodé el glande en la entrada y empujé tantito, él aguantó, y empujé otro poquito y cuando sentí que había entrado la cabeza, que se la meto casi toda.
Mi vecino se chispó, o sea se la sacó de un brinco, y se aventó hacia adelante revolcándose de dolor, dio un grito que pudo ahogar mordiendo la sábana y golpeó la pared con el puño. Me espanté, estaba horrorizado con lo que estaba pasando. ¡Pero peor fue cuando vi mi pito y lo tenía batido de sangre y mierda, pero horrible! ¡Era espantoso! ¡Tenía 14 años por Dios! Qué iba a saber cómo se cogía a un hombre. ¡Ustedes imagínense un chico de esa edad en los años noventa!. Estaba apenas entendiendo lo que pasaba, cuando sonó la puerta de la entrada y escuché las voces de su mamá y su esposa. Me subí rápido el short y él también como pudo se subió el suyo y salimos a la cocina. Disimulando que estábamos cotorreando saludé a las vecinas y me despedí. Llegué a mi casa. Me metí rápido al baño y mi trusa era un asco, ¡estaba batida de sangre y mierda! Apestaba horrible. Vomité mucho, me quité la ropa, me bañé, lavé ahí mismo mi trusa y mi short, los tendí y me fui a acostar. Temblaba de calentura en la noche, me sentía fatal. Mi madre pensó que estaba resfriado por haberme bañado tarde. Al otro día, desperté con una gran tristeza, me sentía profundamente solo, agotado, decepcionado, pensaba en que eso no había estado bien, me tocaba la verga y olía mis dedos pensando en que me seguía oliendo a caca. Recuerdo que por esas fechas sonaba una rola del grupo norteño Límite, una que decía: "quién será El Príncipe que me abrazará, que venga y que me haga feliz, el sueño que se hará realidad" y resonaba en mi cabeza una y otra vez y cuando la escuchaba en la radio la tarareaba sin querer. Aquella mañana la escuché y maldije mi suerte por tener estos sentimientos, no quería ser "joto". Pensaba en qué buena verga tenía para taladrar a bellas mujercitas… pero ese pensamiento iba a cambiar muy pronto cuando estaría con otro chico de mi secu y que entonces sí sería muy bello…
… A mi vecino no lo vi el resto del verano y también todos esos días sentí asco y mucha vergüenza de mí mismo. Estaba viviendo, sin saberlo, uno de los conflictos más intensos que vive una persona homosexual. Estaba atormentado por la situación y aunque por todos los medios disimulaba mi depresión, tanto en casa como en la escuela, era notable. Mi semblante no era el mismo. Pasaron los días y los meses, ¡cumplí quince años! En la misma secundaria había un chico que era afeminado y obviamente "gay", esa palabra en ese entonces no tenía tanto arraigo, simplemente decían "el putito" y era objeto de burlas y bromas de los orangutanes de la escuela. A mí me llamaba la atención, él se daba cuenta que yo lo veía, ya saben "ojo de loca no se equivoca". Una tarde de fin de semana mi mamá me mandó a su casa a llevar unas prendas de ropa para que la mamá de este chico le hiciera unas composturas. Fui. Llevaba la intención de ver a este chico y tirarle la onda, a ver si me la mamaba o qué. Atrás había quedado aquel pensamiento de arrepentimiento por habérsela metido a mi vecino. Llegué a su casa y tuve tanta suerte que el chico estaba solo. Éramos de la misma edad, tal vez con unos meses de diferencia. Cuando me vio le brillaron los ojos, lo recuerdo como si hubiera sido ayer, me pasó adelante. Le expliqué lo que mi mamá quería, pero sin quitarle la mirada de los ojos coqueteándole. Se sonrojó, no dije más, tiré las prendas que tenía en las manos, me acerqué y lo besé. Sus labios eran tan suaves y delicados, sabían a limón recién cortado. Correspondió al beso. Lo abracé, le agarré la espalda, lo apreté duro contra mí, repegué mi verga contra su pubis, fue un beso intenso, le metí la lengua, le di pequeños mordiscos, y le robé por unos segundos la respiración. No lo solté. Permanecimos de pie varios segundos, minutos tal vez, hasta que cansados nos separamos y me quedó viendo así bien cerquita a los ojos, respirando con dificultad. En un susurro me dijo: "he querido hacer esto desde que te vi" pero me lo dijo con una ternura y un amor a flor de piel que me enterneció por un momento, pero yo lo que quería era ¡coger! ¡Maldita sea! ¡Quería venirme adentro de un culo! ¡Gemir, gritar, gozar! Pero el chico estaba disfrutando tanto estar abrazado a mí que me contuve. Recuerdo que el morrito no era guapo, pero tampoco feo. Tenía unos ojotes bien grandotes y negros y una sonrisa muy pícara con unos dientes perfectos. Labios delgados y brillantes. De cuerpo era delgado, nalgoncito, chaparrito. En realidad, no me interesaba su físico, no lo quería para novio, siempre me ha costado enamorarme, aunque estúpidamente pensara que lo estaba de mi mejor amigo de ese entonces.
El momento fue muy bonito. Mi pene pedía a gritos salir, sentía palpitar el glande y me dolía de tenerlo doblado, pero por más intentos que hacía por presionar contra su cuerpo, el chico seguía apreciando mi rostro, tomó mi cabello y me dio besos cortos y tiernos sin decirme nada. Yo lo seguía abrazando… Así estábamos en su sala, permanecimos unos minutos, pude ver en sus ojos la seguridad y orgullo de ser "joto" que a mí me hacía muchísima falta. Me hablaba, me decía cosas, yo no entendía nada, estaba extraviado en mis pensamientos. Fue un momento muy bello, más de pronto recordé ¡que quería coger! Y me abalancé otra vez a besarlo "con pasión", él aflojó el cuerpo porque mis besos llevaban la sentencia de querer desnudarlo, así abrazados, fuimos dando al sillón, lo recosté, yo encima, empezó a gemir quedito, a pujar hasta que me dijo "ya wey", "ahorita no" y yo así como "por qué no". Y zaz! Que se separa y me dice: " también quiero hacerlo, pero ahorita no, no me siento cómodo". Y yo de bruto e inexperto pues no entendía qué significaba eso. Y volví a intentar besarlo hasta que ya en serio se puso de pie y me djjo "que no wey, ahorita no, mejor mira, ven hoy en la noche, mi mamá salió con mi papá a comer una botana y cuando toman cerveza vienen a dormir, mejor ven hoy a las doce y voy a estar preparado para ti". Benditos sean los pasivos.
Y pues ya, le di otros besitos, acomodé mi verga en mi short, salí, monté en mi bicicleta y me fui a mi casa.
Conté los minutos, las horas, hasta que dieron las doce. Le dije a mi papá que me iba a ver a una chica y él como buen macho sonrió de lo más feliz y hasta me dio dinero, pero me dijo que saliera a escondidas que no se diera cuenta mi mamá, así lo hice.
Ya estaba afuera de la casa del chico esperando alguna señal o algo cuando vi que la puerta de la calle se abrió y se asomó llamándome. Un millón de mariposas revolotearon en mi estómago, moría de nervios. Entré sigilosamente, los ronquidos de sus papás, privados de sueño, inundaban la casa. Cerró la puerta, volteé hacia él, me abrazó, estaba completamente desnudo, la luz de la lámpara de la calle que filtraba sus rayos a través de la ventana iluminaban su cuerpo suave y exquisito. Olía a jabón Palmolive. Estaba recién bañadito. A un lado, en el piso, había una colchoneta. Nos recostamos, nos besamos tan rico y sensual. Me desnudó, besó mi cuerpo, pasó su aliento caliente sobre mi trusa sin tocar mi verga que sobresalía pues no me cabía en la prenda. Mordió mis piernas, chupó los dedos de mis pies y no aguanté, lo jalé y lo besé con fuerza, se separó y me dijo "espera, tenemos tiempo". Desgraciados sean esos que te dominan. Yo no aguantaba, me besaba y me besaba, me dio vuelta, besó mi espalda, pasó la punta de su lengua por todo mi cuerpo... Llegó un momento en que me dejé llevar, sentí mi respiración pausada, mi piel erizada, mi sudor. ¡Podía tocar mi sudor! Gemía, soltaba mi gemido fuerte, (una gran carga de desesperación tenía mis gemidos). El chico no se detenía. Había pasado tal vez una hora, no lo sé, había perdido la noción del tiempo. Estando boca arriba él se montó en mí, mientras me besaba puso algo en mi pene, algo ligoso, frío. No me la había chupado. Sólo sentí cuando batió el precum en todo mi glande antes de ponerme esa sustancia.
Así, en la oscuridad, tomó mi pene con su mano, lo dirigió a la entrada de su ano y se fue sentando poco a poco. Estaba muy caliente, recuerdo que casi quemaba. Una oleada de calor invadió mi cuerpo (como cuando te bajas del coche y sientes el golpe de calor de la calle). Así muy despacio, lento, poquito a poco, mi pene fue entrando en su ano, milímetro a milímetro, su culito de adolescente fue cediendo, se detenía por segundos, tomaba aire, y volvía a ensartarse. Eran como pequeños anillos tensos y a la vez suaves que iban atrapando a mi miembro, yo sentía morir. Cuando la tuvo toda adentro, hizo un "mmm" que creo se pudo escuchar en la calle. Se inclinó hacia mí y me beso con mucha ternura mientras empezó a moverse para arriba y abajo, podía sentir su pene en mi abdomen. Se frotaba contra mi cuerpo, me decía: "¿te gusta papito?, ¿te gusta?" yo decía que sí, que qué rico, que no se detuviera mientras le abría las nalgas y me movía para metérsela más. Comenzamos a hacer muy fuerte. Más rápido. No aguanté, me vine. Cuando eso pasó, pude sentir los espasmos de los chisguetes que salieron disparados a su intestino, estábamos empapados de sudor. El chico, se sacó mi verga todavía dura y bajó a chupármela, limpiándola, pasando su lengua por toda la cabeza, las bolas, exprimiendo, sacando las últimas gotas de mi leche adolescente. Yo disfrutaba todo. Recordé la mala experiencia con mi vecino y no entendía como ahora este chico podía chupármela después de habérsela metido. Cuando terminó se acostó encima de mí, y sentí un líquido en mi abdomen que se escurrió al pegarse nuestros cuerpos. Era su semen que había estado ahí cuando le dimos más rápido y fuerte. Así echado sobre mí me dijo: "tienes una verga hermosa" y nos quedamos dormidos, así desnudos. Al rato me despertó, me dijo apurado que iban a dar las seis. Me levanté rapidísimo y la tenía bien tiesa. Se soltó una carcajada diciéndome que tenía una vergota y todo lo que se había comido. Reímos. Salí de su casa después de ver que no pasara nadie en la calle, llegué a la mía, en eso mi mamá iba saliendo para misa de siete, sólo me dijo “¿fuiste a correr?, ni cuenta me di que saliste" sólo dije "para que veas, uno que se levanta temprano" y entré. Comí un pan con café. Me fui a mi cuarto, me desnudé, me toqué la verga y olía tan rico como es rico ahora el recuerdo de ese tiempo. Me dormí pensando en que quería amar hombres toda mi vida. FIN.
Soy Amilcar, LEYENDA URBANA
LEYENDA URBANA.
#relatosgay

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